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«Decidí salvar a dos náufragos y casi pierdo a uno de mis rescatadores»

El comandante asegura que fue el temporal más fuerte que vivió en los 15 años que lleva como profesional

A Coruña / La Voz, 12 de enero de 2016. Actualizado a las 16:36 h. 41

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Tan solo uno de los once tripulantes del gransoleiro coruñés Novo Jundiña, hundido el pasado domingo a 57 millas de cabo Ortegal, está ingresado en el Hospital A Coruña, donde se recupera de una hipotermia. Pero su vida, y la de sus diez compañeros, sí que estuvo pendiente de un hilo en medio de un fuerte temporal, con vientos de fuerza 10-11 (entre 80 y 110 kilómetros por hora), olas de seis a ocho metros, y con la oscuridad de la noche envolviéndolos. La rápida actuación del Helimer 401, de Salvamento Marítimo, les salvó.

«Nos alertaron sobre las 22.15 horas y a las 22.25 ya estábamos en el aire», señaló el piloto de la aeronave, José Julián Abad. Volaron hasta donde se encontraba el Novo Jundiña, esquivando «áreas tormentosas», lo que demoró un poco la llegada. «A las 23.10 ya divisamos dos balsas neumáticas, pero no encontramos ni rastro del pesquero, que ya se había hundido», matizó Abad. Así que la primera maniobra de la tripulación del Helimer fue deshacerse de la motobomba de achique, puesto que ya era inútil y, sin embargo, ocupaba un espacio en la cabina para evacuar a los 11 marineros.

Descendió uno de los rescatadores, Manuel García, que valoró, junto con el operador de grúa, Orlando Iglesias, que el izado de los náufragos «se podía realizar de uno en uno, y así se hizo». Pero el tiempo apremiaba y el temporal arreciaba: «Descendió el otro rescatador, Isaac Solares, y el izado se hizo de dos en dos».

Todo iba bien, «a pesar del temporal». Y parte de ese éxito, según Abad, se debió a la tripulación del barco, bien entrenada: «Hicieron un abandono perfecto. Todos llevaban traje de supervivencia y la mayoría el chaleco salvavidas, y amarraron las dos balsas para que la deriva fuese conjunta».

La operación se torció cuando llevaban una hora de trabajo y en la balsa quedaban dos tripulantes, y el rescatador Manuel García. «Un golpe de mar levantó la lancha y el viento la volcó. Los dos marineros cayeron al mar. Segundos después vimos solo dos cabezas. Eran los tripulantes. Faltaba nuestro compañero». Minutos después le localizaron con la cámara térmica y le siguieron la deriva con ella. «Pero lo perdimos».

Diez minutos de angustia

Abad tuvo que tomar una decisión: «Fue la decisión más difícil de mi vida: rescatar a los dos marineros o buscar a mi compañero». Decidió que bajase el segundo rescatador, que logró izar a los dos náufragos, uno de ellos en estado de shock y que no quería soltarse de la balsa.

Luego tocó buscar a García. «Diez minutos de angustia, con combustible solamente para media hora. Varias pasadas, y nada. Mi copiloto, Javier Peñalba me dijo que diese la vuelta, y lo vimos». Descendió Solares y lo enganchó: «Estaba exhausto. Nos contó que no nos veía, que todo estaba negro». Un gran susto, pero, aun así, José Julián Abad aseguró que volvería a tomar la misma decisión.

Regreso del caladero para vender la pesca

«El barco se hundió; y si se hundió, es porque le entró agua», apuntan desde la agrupación a la que pertenece el Novo Jundiña. Ahora bien, ¿un golpe de mar que abrió una vía de agua en el caso? ¿Un impacto con un objeto a la deriva? ¿Un tren de olas que anegase el barco y afectase a la estabilidad? «Ni idea».

Lo único que se sabe, a la espera de que los tripulantes declaren en Capitanía, es que el pesquero, construido en el 2001, venía en ruta hacia A Coruña, donde tenía pensado vender ayer mismo las capturas de la marea en Gran Sol, y que cuando estaban a unas 50 millas de su destino, vieron que el barco estaba inundado. A las 22.06 horas lanzaron por onda media una alerta que recogieron varios centros de Salvamento -Dublín, Valentia y Lisboa, entre otros- y que trasladaron a Madrid, que puso en marcha el dispositivo de rescate.

La pericia de los patrones, ambos con mucha experiencia en Gran Sol, y una tripulación multirracial (gallegos, marroquíes y senegaleses) bien instruida fue clave para que no haya habido víctimas en un siniestro que ha llevado al fondo del mar uno de los pocos gransoleiros con bandera española que quedaban en el puerto de A Coruña. El Novo Jundiña era el único barco de una empresa familiar de gran tradición pesquera, dirigida por Severino Ares, presidente de la lonja herculina.

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