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Acabar el año salvando una vida

Pablo García, capataz del GES de Guitiriz, rescató al anochecer del día 31 de un río de Guitiriz a un perro a punto de morir 

Vilalba, 07 de enero de 2016. Actualizado a las 22:53 h. 48

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Si el guitiricense Pablo García Varela quisiese citar, como balance del año pasado, una acción de la que pudiese sentirse satisfecho, seguramente no necesitaría retroceder mucho en el calendario para encontrar algo de su agrado. Apenas seis horas antes de que el reloj marcase el final del 2015 y el comienzo del 2016, protagonizó una acción  que supuso salvar de una muerte prácticamente segura a un perro. 

Alrededor de las seis y media de la tarde, cuando ya había anochecido, recibió una llamada del 112. Un vecino que paseaba junto al río Forxá, en las afueras de la villa termal, notó en sus perros cierta alteración. El movimiento se debía a la presencia de un perro, de raza pomedario, que ladraba en la otra orilla. El paseante se fijó un poco más, y observó que en medio del cauce se movía algo. Ese algo resultó ser un pastor alemán; el caminante telefoneó al 112, que a su vez contactó con el GES de Guitiriz, en el que Pablo García Varela y otra empleada estaban de servicio... y comenzó la operación rescate con final feliz.

El perro estaba en un tramo del río Forxá entre Ponte Veiga y Sete Muíños. Pablo García Varela y su compañera tuvieron que avanzar unos 500 metros por la orilla izquierda del cauce, en la que no hay paseo acondicionando, abriéndose paso con una guadaña para separar la vegetación. Al llegar al lugar donde estaba el perro pequeño ladrando ?que resultó imprescindible, recuerda Pablo García Varela, para localizar el sitio? , hizo un lazo con una cuerda de salvamento que había cogido para ensayar el rescate del animal, atrapado entre la vegetación.

Ya había empezado a anochecer y solo la luz de los teléfonos móviles iluminaba el lugar. Hecho el lazo ?«como os bos vaqueiros», recuerda el protagonista?, lo tiró al río con tan buena puntería que en el primer intento lo metió alrededor del cuerpo del animal, un pastor alemán.

El perro, calcula, tendría unos dos años y pesaría unos 50 kilos. Sin embargo, el tiempo que llevaba en el agua lo había hecho más pesado, aunque en unos 15 o 20 minutos logró sacarlo del río. «Ao chegar alí, pensei que igual non o daba sacado», recuerda García Varela, que además subraya que el perro estaba condenado a una muerte casi segura.

«Sabía que ía morrer; e ao ver que lle axudei, púxose moi contento, comezou a lamberme as mans», explica. El perro, «ben coidado» y «limpiño», y el compañero que había alertado con sus ladridos bajaron por la orilla del Forxá con los miembros del GES. Al llegar a Ponte Veiga, no se dirigieron al centro sino a otras casas cercanas pertenecen una familia de esa zona. Pablo García Varela,  gran aficionado a los perros, explica que nadie ha contactado con él como propietario del animal, si bien ese detalle no rebaja su satisfacción. «Salveille a vida a un can. ¿Como non vou estar contento», dice.

Valioso comportamiento del perro

El perro estaba en una zona en la que no solo había mucha vegetación ?fundamentalmente zarzas, explica García Varela?, sino también una profundidad que prácticamente le impedía hacer pie. Su comportamiento resultó muy valioso durante la operación, sin que el rescatador notase que sus nervios o su inquietud le dificultaban el trabajo.

Lo que resulta bastante difícil de averiguar es por qué el perro acabó cayendo al Forxá. Pablo García Varela supone, aunque sin asegurarlo, que intentó cruzar el río o que se metió en el agua tras algún animal. Lo que sí sabe, tras haber participado en rescates de personas y de animales, es cómo se comportaría ante una nueva situación como esa: afirma sin ningún asomo de duda que volvería a hacer lo mismo. 

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