Quinientos lucenses secundan la protesta del 15M y demandan más democracia

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13/05/2012 07:00 h

Los indignados lucenses volvieron ayer a tomar las calles de la ciudad, no solamente para celebrar que el espíritu de lucha con el que nació el movimiento 15M sigue plenamente vigente un año después, sino para hacer ver a la sociedad en general que ahora más que nunca hay que revelarse contra los recortes y hacer llegar las reivindicaciones de la ciudadanía a quienes corresponda, porque, como rezaba una de las pancartas que se pudo ver en la manifestación: «El futuro es ahora».

A la marcha se sumaron medio millar de personas, que se concentraron en la Praza Maior, centro de operaciones de este movimiento. Allí, varios representantes del colectivo, autodenominados «voces indignadas», tomaron la palabra para pedir, entre otras cosas, «tolerancia cero con la corrupción» y dejar claro «que no son números, sino personas». La manifestación duró más de una hora y recorrió las calles más céntricas de la ciudad. A su paso por la Ronda de la Muralla hicieron una breve sentada delante de la sede de la Xunta.

«Banquero el que no bote»

Entre los manifestantes, jóvenes en su mayoría, pero también parados de mediana edad y algún que otro jubilado, se encontraban representantes de otros colectivos sociales, como los de la plataforma en defensa del parque Rosalía. El único responsable político que asistió fue el portavoz de Esquerda Unida, Carlos Portomeñe, que, al igual que otros asistentes a la protesta, lucía un brazalete negro con el logotipo del BBVA. Y es que bancos y banqueros fueron los principales destinatarios de las consignas y cánticos que corearon los manifestantes, que también hicieron patente su malestar por los recortes en educación y sanidad.

Como ya había ocurrido en anteriores actos de protesta convocados por los sindicatos, ayer también hubo quien se valió de disfraces para asistir a esta manifestación. Los había de presidiarios, de elefantes y hasta de enfermos terminales, como era el caso de un hombre vestido con camisón y bata y sentado en un carrito, que representaba a una moribunda democracia, asfixiada por los recortes, una amenaza que en esta nueva salida a la calle de los indignados lucenses estuvo representada por varias tijeras.

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