Un día al otro lado de la barra

Los hosteleros de la comarca de Sarria celebraron su gala anual

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Los hosteleros de Sarria dejaron por unas horas de estar detrás de la barra para convertirse en clientes y disfrutar de una gran fiesta celebrada en el Hotel Carrís Alfonso IX a la que asistieron alrededor de trescientas personas.

La celebración no fue únicamente un certamen gastronómico. También hubo tiempo para comparar la elegancia que lucieron tanto ellas como ellos en la cita más relevante del año para el gremio de la hostelería.

Los homenajeados estuvieron arropados por los alcaldes de Sarria, José Antonio García, Triacastela, Olga Iglesias, Láncara, Eladio Capón y Samos, Julio Gallego. En la cita tampoco faltó el subdelegado del Gobierno, Ramón Carballo, que fue de los primeros en retirarse para poder continuar desde primera hora de la mañana con sus obligaciones. Tampoco faltó a la cita la plana mayor de la asociación lucense de hostelería con Cheché Real y Daniel Romay a la cabeza.

La fiesta comenzó con un aperitivo que sirvió para que muchos de los asistentes que apenas tienen tiempo para mantener una relajada conversación a lo largo del año charlaran animadamente durante un buen rato antes de entrar en el comedor en el que les esperaba un opíparo banquete.

El momento de mayor emoción fue el sorteo de los numerosos regalos, la mayoría donados por casas comerciales, entre los que destacaban varios viajes con todos los gastos pagados.

La parte que se puede calificar como seria y de protocolo de la gala concluyó cuando los organizadores del evento, hoteles Roma y A Veiga y confitería Maceda cedieron el testigo a los del próximo año, Don Pepe, Deja Vu, La Tapería y Ruta Xacobea.

Diversión final

A partir de ahí llegó el momento de desmelenarse para unos profesionales que durante todo el año tienen que trabajar y mantener el tipo mientras los demás se están divirtiendo. La música en directo comenzó a sonar y las mesas se fueron despoblando de gente para dar paso a un animado baile que se prolongó hasta bien entrada la madrugada.

Las consecuencias de este exceso controlado las pagaron en sus propias carnes sobre todo los profesionales cuya jornada laboral comienza poco después de la madrugada con los desayunos. Los clientes fueron inflexibles y les obligaron a abrir temprano como todos los días, pero tampoco el cansancio impidió que los profesionales sarrianos atendieran a sus fieles con una gran sonrisa.