Piedras y restos de obra taponan un tramo del cauce del Rato

El paso de caballos por el parque provoca críticas de los usuarios

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El parque del Rato constituye una parte esencial de la zona verde periurbana de la que disfrutan los lucenses y quienes visitan la ciudad. El cauce del río es competencia de la Confederación Hidrográfica, mientras que del mantenimiento de la zona verde se ocupa la Diputación. En el cauce hay algún tramo prácticamente taponado por los desprendimientos. En el paseo, a la ya polémica convivencia de peatones y ciclistas se suma la presencia de caballos y jinetes.

La Diputación se deja en el mantenimiento del paseo del Rato cada año una cantidad nada despreciable. La cosa empeora si es año de lluvias y el río, habitualmente de caudal muy escaso, se desborda y se lleva por delante tramos del sendero. En algún punto todavía hay muestras de cómo se las gasta el agua cuando el río se llena. La Diputación pone más interés en el mantenimiento del paseo que la Confederación Hidrográfica en el del cauce; entre el desvío hacia Galegos y el puente de la estación, el cauce está prácticamente bloqueado por los desprendimientos.

Malla caída

En un tramo, la malla que debía evitar los desprendimientos de tierra de los taludes laterales, no solo no cumplió su objetivo, sino que se desmoronó y acabó en el cauce. Lo mismo ocurrió con algunos grandes bloques de piedra. Así las cosas, en dicha zona hay un tramo en el que el -en la actualidad- escaso caudal del río desaparece, como si del Guadiana se tratase.

A mayores de la incidencia que la situación reseñada pueda tener en el río, causa una mala imagen de la zona, con lo que se desvirtúa la considerable inversión realizada en su día.

Usos polémicos

En todo el parque periurbano de la capital lucense se da desde su apertura una difícil convivencia entre ciclistas y peatones. Pero en algunos tramos, como en el del Parque do Miño, se suma también de modo esporádico la presencia de caballos y jinetes. Esta misma situación se da ahora en el Parque do Rato.

El pasado domingo, a media tarde, un jinete montaba despreocupado su caballo, escoltado por un perro, que se movía libre de cualquier atadura y carente de bozal; fue una sorpresas no especialmente agradable para quienes tuvieron que compartir el nada espacioso sendero. Además de los inconvenientes que supone la presencia de los caballos entre peatones y ciclistas, el paso de los equinos deteriora el firme del paseo, especialmente en las zonas en las que, debido a la humedad, está más blando.

La encargada de mantener limpio el cauce es la Confederación Hidrográfica