No hay duda de que acierta Xosé Edrosa al decir que Moreda fue una excepción en el psiquiátrico. Tuvo privilegios como, por ejemplo, ocuparse de la biblioteca. Además, usaba Internet. Aseguran que lo enganchó porque pasaba horas conectado. Su interés por la biblioteca y las nuevas tecnologías lo combinaba con sus estudios de idiomas. Su habitación, dicen, estaba llena de libros de inglés y francés, de contabilidad, de política... También almacenaba numerosos vídeos. Con sesenta años comenzó a estudiar Derecho. Consiguió licenciarse.
Pero Moreda, todo hay que decirlo, nunca llegó a despertar grandes simpatías entre muchos internos y algunos trabajadores.