crónica

Los internos, reacios a abandonar la vida social de Castro

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Los 87 internos que quedan en el hospital de San Rafael no tienen ningún interés en trasladarse a Calde, pese a que las instalaciones nada tienen que ver con el obsoleto y deteriorado edificio de Castro de Ribeiras de Lea. Lo que temen perder los residentes, que se encuentran en régimen abierto y por tanto pueden efectuar salidas, es su vinculación con el pueblo y la vida social que realizan en él.

A partir del día 15 los internos que tienen autorización para ello no podrán ir a comer el pulpo los miércoles a la feria a Castro, tampoco podrán frecuentar los bares en los que ya saben lo que toman habitualmente sin tener que pedirlo ni hacer sus compras en las tiendas de siempre.

Toda esta vida social asociada al centro les va a faltar en Calde, pero, a cambio podrán desplazarse en autobús urbano a Lugo, bajo supervisión. Los residentes perderán independencia porque deberán salir acompañados de un cuidador, entre otras razones para que no se pierdan pero, podrán ir al cine.

Las salidas forman parte del proceso de rehabilitación de los internos de Castro. Incluye también la actividad en talleres a los que tendrán acceso en Calde como los de psicomotriz, estética, costura, cerámica o manualidades, que están situados en la primera planta del edificio.

El día 15 trasladarán a Calde a los pacientes de Castro. Irán todos, pese a que alguno de ellos no está catalogado como enfermo susceptible de recibir asistencia psiquiátrica. No fue posible que el Sergas encontrara ubicación para todos estos casos y hay diez que estarán pendientes de que queden plazas vacías en centros de mayores o en centros de disminuidos psíquicos, según fuentes consultadas.

Las crisis ha supuesto que el Sergas aproveche mobiliario y recursos para el nuevo psiquiátrico de Calde. Las camas de los residentes son las que había antes del traslado al HULA y mucho del material: gimnasio, talleres e incluso el invernadero son reciclados. Pese a ello los internos saldrán ganando en la mejora de las instalaciones, que cuenta con un prepiso con seis camas, aseos, sala de estar y cocina.

La conselleira destacó que el nuevo emplazamiento había ganado no solo en confortabilidad, sino también en seguridad.

Los 87 internos estarán atendidos por una plantilla de 12 psiquiatras -buena parte de ellos acudieron ayer a la visita de Rocío Mosquera- y 50 enfermeras y auxiliares. El cuadro de personal se completa con 24 trabajadores más no sanitarios y 8 coordinadores-supervisores.