A Paulino García Seco, de 81 años, el párkinson lo cogió por sorpresa hace seis. «Soy perito agrícola y debido a la profesión siempre anduve por fuera caminando. Fui un hombre sano y creía que al llegar a viejo tendría movilidad, pero me llegó el párkinson», relata. Su mujer, Alicia Baamonde, cuenta que notaron que algo iba mal porque estaba «como depresivo». Al principio no pensaron en el párkinson porque, según explica, no le temblaba la mano, uno de los síntomas habituales. «Tenía rigidez», aclara. Ahora sigue un tratamiento farmacólogico y acude tres veces por semana a la Asociación Párkinson Lugo, donde realiza ejercicios en bicicleta estática, escaleras, pesas o barras paralelas que le ayudan a mantener la autonomía.
Una labor extraordinaria
«El Estado y los gobiernos no cuentan con nosotros para nada. Una asociación así debería tener muchos más medios porque hace una labor extraordinaria», indica, antes de destacar que enfermos de Lugo han tenido que desplazarse a A Coruña por esta falta de medios.
«En el párkinson te pones a andar y andas, pero el problema es arrancar», confiesa Paulino, que subraya que esta enfermedad «no es solamente física, sino que tiene mucho de mental». Ahora le cuesta andar por fuera y los viajes que realizaba con su mujer se han reducido al máximo.