Jóvenes de un campo de trabajo internacional recuperan en Becerreá la ribera del río Donsal


lugo/la voz. 17/08/2010 02:00 h

Recuperar el camino de la ribera del río Donsal, afluente del Navia y uno de los muchos caminos castreños de la comarca de Os Ancares, es la tarea básica de los participantes en el primer campo de trabajo que se desarrolla en Quintá de Cancelada, parroquia del municipio de Becerreá. En él participan un total de catorce personas, de las que nueve son universitarios. Tienen edades comprendidas entre los 18 y los 48 años y representan a un amplio número de nacionalidades, ya que proceden de países tan dispares como Alemania, Austria, Italia, República Checa, Rusia, Hungría, Finlandia, Polonia y Australia, además de España.

Este grupo de personas han sido seleccionadas por el Servicio Internacional de Voluntarios, luego de que fuera aprobado el proyecto de campo de trabajo presentado por la asociación Castaño y Nogal, promotora de la iniciativa. Los participantes tienen su base de operaciones, por así decirlo, en el antiguo colegio de Quintá de Cancelada, que ha tenido que ser adaptado para poder ser utilizado como lugar de residencia de los jóvenes durante tres semanas, que son las que dura el campo de trabajo, que finalizará el día 28.

El día a día del grupo es similar al de una jornada de trabajo en cualquier empresa. A las siete de la mañana se levantan y después de desayunar una hora después, se desplazan a la zona en la que llevan a cabo el desbroce y limpieza del camino. Cada día, dos de los participantes en el campo de trabajo se encargan de hacer la comida para sus compañeros.

La tarde la pueden utilizar para descansar, para leer o para las aficiones que cada uno tenga, aunque la asociación organizadora tiene programadas toda una serie de actividades complementarias, tales como conferencias sobre Historia, arquitectura tradicional o literatura y música de Galicia; excursiones por los municipios de la comarca; visitas a Santiago, Lugo, A Coruña, Monforte y Betanzos y participación en talleres artesanales. Precisamente ayer, unas vecinas del lugar les enseñaron a elaborar artesanalmente el pan, una tarea en la que los jóvenes participaron activamente, e incluso compartieron cena.

Después de una semana de actividad, los organizadores no tienen más que palabras de satisfacción por cómo se está desarrollando el campo de trabajo y por la total implicación e interés de los participantes. Todo ello a pesar de que estas personas han tenido que costearse el billete de ida y vuelta para tomar parte en esta iniciativa; mientras que la asociación organizadora tiene que correr con los gastos de alojamiento, comida, herramientas y ropa de protección. El fundador de Castaño y Nogal, Antonio Álvarez, reconoce que tras el calvario compensa la respuesta recibida y añade que «están haciendo ellos lo que no hacen los residentes ni las administraciones».

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