«Aquí el cura sigue siendo el cura para lo bueno y para lo malo»

Decidió asentarse en la comarca tras vivir y cursar estudios eclesiásticos en Madrid, y se reencontró con una sociedad que trata a los religiosos con gran respeto


10/05/2009 02:00 h

Las raíces son chairegas: de Lanzós por vía paterna y de Triabá por vía materna. El tallo se desarrolló en Madrid, ciudad en la que nació y vivió con sus padres, aunque sin perder en el contacto con el origen. Eduardo Funcasta pasaba en Terra Chá los veranos, y su inmersión era tanta que incluso, en sus años infantiles, volvía a Madrid hablando gallego. El contacto con ambos idiomas parece hoy fluido y armónico: habla gallego sin acento madrileño y castellano sin acento gallego.

Las hojas florecen en Terra Chá. En Madrid se ordenó sacerdote. Dos parroquias de la sierra y dos de Vicálvaro fueron sus primeros destinos. Pero el ritmo de la gran ciudad -«esos mogollones, tantísima gente corriendo...»- llegó a parecerle excesivo, y la necesidad de acompañar a su padre inclinó por completo la balanza del lado de Terra Chá. Ya actuaba de cura en Triabá cuando venía de vacaciones; y ahora, con la denominación de administrador parroquial por haberse ordenado fuera de la diócesis de Mondoñedo-Ferrol, atiende Lamas, Xermar y Taboi.

-¿Cómo descubrió la vocación religiosa?

-Yo pienso que desde pequeño. Lo típico: empiezas por ir a la parroquia, por ir a misa. Te gusta lo que hacen los curas con los que estás... Y adelante. Así fue, básicamente. -¿Tuvo apoyo de sus padres en esa decisión? -Sin ningún problema. Me apoyaron en todo momento, encantados de la vida

-¿Cambia el trabajo de un sacerdote por el lugar, si se hace en la sierra de Madrid, en Madrid o en Terra Chá?

-Es un trabajo intangible, con personas. Es un trabajo lento, que lleva su tiempo.

-¿Hay algún problema diferente?

-Hay una diferencia. La gente joven se va a los sitios grandes. La gente mayor quizá es más reservada. Me gusta ser serio cuando hay que ser serio, pero sin pasarme. Me sorprende que la gente me trate de usted... Son pequeñeces. El trato es distinto. El cura, aquí, para lo bueno y lo malo sigue siendo el cura, aunque a cambio sí hay más educación y respeto que en Madrid.

-La fe, ¿es la misma?

-Un hecho común en Madrid y aquí es el de las fiestas. La religiosidad se vive en todo el mundo; pero en Galicia, sobre todo en la zona rural, cambian los horarios: es inconcebible, en Madrid, poner una misa a las cuatro de la tarde. Aquí también se viven con gran intensidad las exequias con los difuntos.

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