| CARLOS FLORENTINO

La ferrería de Bogo y su casa rural se ponen a la venta por 800.000 euros


Tras multitud de avatares en los últimos años, los propietarios de la ferrería de Bogo (A Pontenova) han decidido poner a la venta el recinto, que la Xunta restauró en 1993 con la condición de que fuese explotado para el turismo durante quince años. Fueron muchas las esperanzas depositadas en este complejo etnográfico cuyo origen se remonta en el siglo XVI como ente dinamizador turístico de A Pontenova y su comarca. Pero todas fracasaron. Ahora el recinto, con el museo, la vivienda anexa, el hotel con tres habitaciones rurales y una amplia extensión de terreno está a la venta por 800.000 euros.

La oferta puede consultarse en Inmobiliaria Baró. Incluye tres parcelas de 3.915, 12.215, 10.331 y 6.343 metros cuadrados; la casa de la ferrería, con planta baja y alta de 149 metros cuadrados cada una; un cuarto exterior de dos plantas de 45 metros cuadrados cada una; una cuadra de 43 metros; un pajar de 54; la era del pajar, de 210; un mesón con aseos, de 39 metros cuadrados; la terraza del mesón, de 48; la casa rural con tres habitaciones dobles con baño que suman cien metros cuadrados; el edificio dedicado a la ferrería, de 517 metros, y el molino, de 86.

A ello hay que unir el resto del complejo, que incluye el bandazo que llevaba el agua hasta el complejo y todo ello aderezado por el paso de un río que cruza la finca y separa la ferrería de las viviendas.

La oferta inicial que figuraba en Baró era de 480.809 euros, pero solo incluía 3.000 metros cuadrados de terreno. Ahora los propietarios han decidido ampliarla con más fincas anexas e inmuebles, de modo que el precio ha subido a 800.000.

Se trata de un recinto excepcional que desde su rehabilitación, y a pesar de las generosas expectativas suscitadas, nunca ha sido rentabilizado para el turismo.

Renuncia

José Fernández Legaspi, marido de una de los herederos, explicó que la familia la explotó durante cinco años y, después, decidió renunciar a la gestión y ceder el recinto al Ayuntamiento de A Pontenova.

El Concello llegó a ofrecer en el año 2002 la gestión de las instalaciones por un canon mínimo, de 60 euros al mes, ya que su propósito era que estuviese abierto para atraer gente. Pero no aparecía nadie dispuesto a ello. Finalmente, la adjudicó por 200 euros al año. Sin embargo, el hostelero que se hizo cargo, tras surgir diversas discrepancias que le provocaron dificultades, tampoco logró hacer de la ferrería uno de los motores turísticos del Concello.

En el año 2004 la Dirección Xeral para o Turismo anunciaba la apertura de un expediente porque no se estaba explotando la ferrería.

En el año 2005, el por entonces alcalde de A Pontenova, Enrique Fernández, desvelaba que había al menos una oferta de compra por la ferrería, por parte de una firma coruñesa que estaba dispuesta a invertir en torno a un millón de euros para crear un balneario. La iniciativa no fructificó y la ferrería siguió cerrada.

Ese mismo año, el director xeral para o Turismo, Rubén Lois, manifestaba que la Xunta había realizado inspecciones en el recinto y, tras verificar que estaba cerrado y no se explotaba para el turismo, había puesto el asunto el asunto en manos de la asesoría jurídica. Así llegaron varias amenazas de sanciones.

Papel mojado

Rubén Lois anunciaba en agosto de 2006 que la Xunta iba a intervenir para que la ferrería se dedicase al fin para que había sido rehabilitada: el turismo. Ese mes se comprometía ante la corporación municipal de A Pontenova a que en septiembre de 2006 se daría una solución. Papel mojado.

Nada nuevo, porque lo cierto es que en este caso Rubén Lois siempre ha hablado de soluciones que nunca han fructificado. Ahora se continúa insistiendo en el tema. El alcalde, Darío Campos, confía en que se llegue a una solución y que el recinto se explote turísticamente. Está al lado de la Fraga das Reigadas, por la que discurre una ruta de senderismo, y próxima a otra casa de turismo rural.

Los propietarios de la ferrería tienen las puertas abiertas a una negociación. Así lo explicó José Fernández: «Co Concello xa houbo algún contacto. Pola nosa parte, si a propiedade queda en A Pontenova, mellor».

El complejo etnográfico se encuentra a 12 kilómetros del casco urbano de A Pontenova y, según explicó José Fernández, el museo y la ferrería en sí requieren de unas obras de restauración, en particular por el deterioro de la madera.

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