Lotería de Navidad: Superstición contra lógica

Las administraciones más famosas venden miles de décimos de Lotería de Navidad gracias a la creencia que en esos lugares siempre toca

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Da igual el frío, la lluvia o las horas de espera en la calle. Miles de personas aguardan con estoicismo lo que haga flta con tal de comprar un décimo de Lotería de Navidad en su administración fetiche. No hay nada lógico en esta actuación. Simplemente, la tradición, la supervisión o las manías de cada jugador provocan efectos extraños. Por ejemplo, que muchos ciudadanos se hayan acercado a Griñán, la localidad zaragozana de 1.600 habitantes que se quedó con el Gordo del año pasado gracias al 58.268, para comprar un décimo de una localidad con suerte. O que la administración número 2 de Soria, al lado de la plaza Mayor, esté vendiendo como nunca porque el año pasado repartió el tercer premio.

Luego están las más clásicas que se reparten por todo el país. Doña Manolita, en Madrid, tiene turistas y vecinos de la capital adquiriendo números desde agosto. Y La Bruixa d'Or (Sort, Lérida) no para de despachar números tanto en ventanilla como por Internet. Lo mismo sucede en otras administraciones como Valdés (Barcelona), Sagasta (Sevilla) o La Envidiosa Millonaria. Esta última, la administración número 2 de Murcia, se caracteriza por tener siempre un objeto para representar a la buena suerte. Pero comprar en estos lugares no aseguran que los niños de San Ildefonso canten el número que llevamos. «Doña Manolita o La Bruixa d'Or dan más premios porque tienen más números. No hay otra causa lógica», asevera Conrado Manuel, profesor de Estadística en la Universidad Complutense de Madrid. «Un número comprado en cualquier otro sitio tiene las mismas probabilidades que otros», indica el catedrático.

La superstición, asegura el profesor Manuel, es la única causa lógica, «por llamarlo de alguna manera», que impulsa a las personas a guardar cola durante horas para comprar un décimo de Lotería de Navidad. «Son creencias populares de un fenómeno que está muy arraigado», añade. El boca oído ha funcionado como el mecanismo de un reloj suizo en esta situación. «En la última guerra civil, se popularizó la idea de que una bomba de un avión o de artillería no podía caer en el mismo sitio que una anterior. Por eso, la gente se iba a los cráteres existentes. Evidentemente, hubo bombas que en el mismo sitio», explica el profesor.

Pero a pesar de las evidencias científicas, los españoles siguen acudiendo armados de paciencia a Ormaechea (Bilbao) o El Templo de la Suerte, situado en la localidad asturiana de Nava. «Es más fácil jugar con las creencias facilonas porque la gente no considera la ley de probabilidad», comenta el profesor, quien recuerda que el principal beneficiario del sorteo especial de Navidad es el Estado. Las arcas públicas se quedan con el 45% de la recaudación y solo reparte el 55 % de un sorteo que este año cumple su bicentenario.