Lotería de Navidad 2011: Al tajo con la banda sonora de los millones

El sorteo radiado de fondo ambientó muchos negocios de Santiago, cuyos responsables se mostraban optimistas con la idea de que la suerte se detuviera también en sus bolsillos; ninguno se hizo rico

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Es el día de la lotería y saltan chispas en el tenderete de Antonio Feijoo, el afilador de la plaza de abastos de Santiago. Feijoo tiene apellido de presidente y es, además, primo tercero de Sira, la madre del presidente, pero su coche oficial solo tiene una rueda; la de afilar. Mientras chuza para dejar nueva una facorria -en barallete 'trabaja para dejar nuevo un cuchillo'-digna de una matanza, el arreador permanece atento a la radio. «Este aparato xa leva moitos sorteos -explica- terá trinta anos ou por aí, tocoume nunhas rifas que facía un moro, que lle chamaban La Suerte de Dios. Era un tipo que facía rifas con cartóns usados do bingo».

A las diez y media de la mañana solo han salido quintos. Premios, no cervezas. «Non xogo moito, pero sempre hai esperanza», dice Antonio. Ya su padre afilaba ambientado por una radio vieja que, a causa del polvillo del esmeril, acabó cantando los números de la lotería tan bajito que no había manera de saber si a uno le había tocado algo o es que se estaba quedando sordo como un ladrillo, por eso los Feijoo finiquitaron al aparato y le agradecieron varios lustros de servicio. «Na peña que temos no bar A Churrasquita tocaron 96 euros haberá tres semanas, a ver hoxe», dice, animoso, el primo arreador del presidente de la chaira (Galicia, en barallete).

No muy lejos del chiringuito paragüero está la carnicería de José Luis Castro, en la misma plaza. Ocupa los puestos 61 y 62 y saca unos bistés estupendos adobados con el soniquete de los niños de San Ildefonso; su facorria podría afeitar en seco. «Eu xogo douscentos euros e pico, saíu un quinto que andou cerca», dice.

-¿E se toca?

-Se toca... toca.

-Pecharás...

-Non ho. Taparía buratos.

Discútele tú a un tipo que blande una facorria. La plaza compostelana luce navideña, pero escasa de almas. A las 10.31, los niños que hablan el idioma canturreado de la lotería se detienen en el 25.506. Y en la charcutería de Olga García, la dueña dice que prefiere no estar al tanto, «que enseguida me emociono». Aunque tiene una tele apagada, mantiene con perejil a un San Pancracio vigilante, un santo cuyos poderes sobrenaturales tienen que ver con la salud y el trabajo, para nada con Loterías y Apuestas del Estado; Olga pisa sobre seguro. En el Casino de Santiago, en la rúa do Vilar, han desplegado una pantalla gigante para seguir el sorteo. Pero, poco antes de las once, se contaban cinco personas tomando café y otra navegando en Internet con un portátil. Y nadie le hacía ni caso a los canturreadores infantiles de San Ildefonso. En el cantón do Toural, la dueña de la cestería que hay en los soportales también ambientaba el negocio con el azar radiado.

«¿Seica tocou o gordo en Ribadumia?», pregunta María.

-Non, que foi un quinto.

-Xa ves que caso lle fago.