La cata de la calificación de añadas prosigue su recorrido itinerante por los municipios de la Ribeira Sacra. Este año será el día 22 de febrero en el consistorio de A Teixeira, en la subzona de Ribeiras do Sil-Ourense. El consejo regulador contactó ya con asociaciones de catadores y sumilleres para seleccionar a los miembros del panel de cata que pondrá nota a la última vendimia. Una cosecha, la del 2012, en la que se habló más de lluvia y menos de cambio climático. ¿Los vinos? Según parece, de trago fácil.
Las calificaciones de añada nacieron para dar al consumidor una indicación de la calidad de una determinada cosecha, muy especialmente del potencial de los vinos con crianza para el envejecimiento en botella. Hay quienes siguen este tipo de referencias al pie de la letra a la hora de montar su bodega. Otros, por el contrario, las ven con recelo. Los escépticos argumentan que las generalizaciones son engañosas y desconfían de la proliferación de notables y sobresalientes en las valoraciones de las vendimias en las denominaciones de origen que recurren a esta fórmula.
Es evidente que, con los avances actuales en materia de enología y viticultura, las bodegas tienen muchos más medios para sacar buenos vinos en añadas difíciles. Pero también llama la atención que casi todas las calificaciones se muevan sistemáticamente entre «muy bueno» y «excelente». En Ribeira Sacra, por ejemplo, la última cosecha «buena» fue la de 1996. Desde entonces, todas han sido «muy buenas», con la salvedad del 2000, año que mereció la valoración de «excelente».
Según y cómo
A algunas de las últimas añadas en esta denominación de origen, como es el caso de la del 2010, posiblemente le habría bastado la nota de «buena», a tenor de las dudas sobre su potencial que expresaron los propios enólogos. Sin embargo, la calificación de «muy buena», en comparación con la anterior, podría quedarse corta para la cosecha del 2011, que deja tras de sí un buen número de vinos con recorrido en botella.
La cosa se complica aún más si se atiende a la opinión de los críticos. José Peñín, uno de los más influyentes, aprecia en Ribeira Sacra más «frutosidad y equilibrio» en los vinos del 2010 que en los del 2011, añada esta última que califica de «sobremadura» por las características de la vendimia. Paradójicamente, para una inmensa mayoría de bodegueros y técnicos, la cosecha del 2010 fue sin duda la más condicionada por la maduración precoz de la uva en los últimos años en Galicia.
Visión realista
Sea como fuera, Ribeira Sacra sigue adelante con la cata de calificación que puso en marcha hace ahora diecisiete años. A diferencia de otras denominaciones de origen, subraya el presidente del consejo regulador, aquí la valoración de los vinos se realiza «sobre mostras das diferentes subzonas que son representativas do 70% da produción». «Non presentamos á cata viños especiais dunha soa barrica nin de depósitos escollidos, porque non queremos construír castelos no aire», argumenta José Manuel Rodríguez.
Sobre los vinos de este año, el presidente de la denominación de origen opina que recuperan algunas características propias de la zona, después de varias vendimias bastante atípicas en cuanto a las condiciones climáticas. «Nas últimas vendimas houbo viños cun grao alcohólico que non é normal aquí. As maduracións eran tremendas e íase cara a outras cousas», explica. No hay nada malo, a su entender, en asociar la cosecha del 2012 al «trago largo». El vino, a fin de cuentas, «é para beber, para disfrutar».