Finca Míllara acondicionó en la ribera del Miño, a su paso por Pantón, un viñedo de algo más de veinte hectáreas apto para la utilización de maquinaria de reducidas dimensiones, dentro del proyecto de rehabilitación de la aldea abandonada del mismo nombre. Bajo esta premisa, la bodega ourensana Ponte da Boga acondiciona en O Saviñao una nueva explotación de más de diez hectáreas.
Los elevados costes que genera la orografía y la dispersión de la propiedad en la Ribeira Sacra, y la incógnita sobre el relevo generacional en una zona marcada por la crisis demográfica, empujan a las bodegas a mover ficha para garantizar una producción mínima de uva a precios competitivos.
Según los datos más recientes que recoge la web del consejo regulador, la superficie acogida a la denominación de origen es de 1.265 hectáreas. A muy corto plazo, el cultivo será mecanizable en cerca de 250 hectáreas de viñedo.
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Con vistas a la supervivencia de los viejos bancales, el consejo regulador pretende sacar adelante un sello específico que pueda servir de estímulo para mantener su cultivo, aunque de momento se trata solo de una declaración de intenciones.
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