Obituario

En memoria de un amigo que saltaba entusiasmado

Valoración Con: 1 estrella 2 estrellas 3 estrellas 4 estrellas 5 estrellas   votos ¡Gracias! Envíando datos... Espere, por favor.
Juan Carlos se fotografiaba dando un salto allí donde iba con su moto
Juan Carlos se fotografiaba dando un salto allí donde iba con su moto

Juan Carlos era motorista, pero sobre todo un hombre bueno. Lo conocí preparando mi Ruta de los Exploradores Olvidados, una vuelta al mundo en moto con el objetivo de hablar de nuestros héroes menos recordados. Había comentado en Facebook que necesitaba patrocinador para equipo de acampada y recibí un correo de un tal JC Nokalkorrentant cuya foto era la de un tipo saltando y entrechocando los talones como aquel personaje de Vicky el Vikingo que estaba siempre «¡en-tu-sias-ma-do!». Ofrecía 1.000 euros. Mantuvo su oferta a pesar de que no vendía nada que yo pudiera publicitar. ¿Por qué?, pregunté. «Porque tus viajes me alegran. Tu libro me ha encantado. Yo no puedo hacerlo pero tú viajarás por mí y cumplirás ese sueño de mandarlo todo al carajo y dar la vuelta al mundo».

Desde entonces ahí estuvo. Fiel, simpático y conciliador. Apoyando cada uno de mis pasos. Y un día se le ocurrió lo de las pegatinas. Una mañana desperté, abrí el Facebook y lo primero que vi fue su BMW GS 1200 con el logo de la Ruta Exploradores Olvidados. Tenía un plotter y vinilo blanco y empezó a tirar adhesivos como un loco. Un loco maravilloso que pronto encontró otro montón de locos maravillosos dispuestos a distribuirlas. Y se pusieron a vender pegatinas. Y la gente quedaba en los bares y se conocían, y se intercambiaban los pliegos, y quedaban para otra ocasión, y me mandaban las fotos de los cascos y las motos con el logo y el grupo crecía y cada día tenía más fotos y ellos se iban de ruta y de cañas y los que antes eran solo «amigos» virtuales se veían las caras y se reían frente a frente y se juntaban para ver mis vídeos, y la amistad se hacía real y planeaban locuras futuras y quedaban para comer, para tomar más cañas y para ver más vídeos. Y esa ebullición de afectos tenía un único responsable: Juan Carlos, que sin pretenderlo había convertido una fría red social en una auténtica telaraña de amigos gracias a un plotter, a diez metros cuadrados de vinilo blanco y a su loco entusiasmo de entrechocar talones.

Pero una mañana desperté y tenía quince mensajes pendientes. Juan Carlos se había matado contra un quitamiedos. Rompí a llorar. Ahora que estaba tan cerca de abrazar a quien tanto había hecho por mí, el destino me lo arrebataba. A mí, a un montón de amigos, pero sobre todo a su mujer y a sus padres. Es a ellos a quienes necesito enviar un montón de ánimos y el mensaje claro de que Juan Carlos era un ser humano fabuloso que supo ganarse el cariño y la amistad de cuantos le conocieron.

Joan Carles, eras el mejor, el más leal amigo y el mamonazo más divertido. Tu sentido del humor nos iluminaba los días y tu generosidad convertía a un fraile cartujo en egoísta. Te juro, amigo mío, que al menos mientras respiremos, tú seguirás saltando entusiasmado.

obituario juan carlos gonzález pérez