Los que recurren a la ayuda de Cáritas en Monforte son más que antes y tienen necesidades más acuciantes. Por el momento, la asociación no tiene carencias de comida ni de dinero, pero agradecen más que nunca toda la colaboración que puedan recibir. Así se podría resumir la situación actual de la agrupación local Cáritas, la entidad dependiente de la iglesia católica que, entre otras cosas, se encarga de repartir entre las familias con menos recursos económicos de Monforte los excedentes alimenticios que la Unión Europea entrega regularmente a la Cruz Roja.
Cáritas está a punto de agotar la segunda partida de pasta, galletas y leche que la Cruz Roja le ha hecho llegar este año. Las voluntarias los están entregando esta semana en el almacén que les cedió recientemente el Ayuntamiento en la calle Juan Ramón Jiménez. Para pedir este material, tuvieron que enviar un informe a la Cruz Roja de Lugo en el que hacían constar que tienen a aproximadamente 850 personas a la espera de estas entregas periódicas de alimentos. «Sumando a los niños lactantes, que no incluimos en este pedido y para el que recibimos otro tipo de alimentos, en estos momentos atendemos a cerca de novecientas personas, lo que supone aproximadamente unas trescientas familias», explicaba ayer Pilar González, una de las voluntarias de Cáritas que atiende nuevas peticiones todas las mañanas en la sede local de esta entidad en la Costa da Pena.
Otro tipo de pobreza
Entre las familias que reciben estos alimentos las hay que llevan años echando mano de este recurso y otras que antes recurrían al auxilio de los servicios sociales públicos o de Cáritas solo de vez en cuando. «Están los casos cronificados, la gente nueva que antes no tenía que venir y también muchos que hasta ahora iban saliendo adelante mal que bien, porque al menos trabajaba uno de los dos y se metieron en pisos de protección oficial y ahora se ven en paro y con muy pocas perspectivas de encontrar empleo». Así describe los tres grupos en los que se puede dividir a los usuarios de programas como el de reparto de alimentos otra de las colaboradoras de Cáritas en Monforte, María Freire.
Ella constada que el «tipo de pobreza» ha cambiado y se ha ampliado por la falta de empleo. En Monforte, Cáritas también tiene su propio sistema de búsqueda de trabajo para las familias con las que trabajan. Se trata de un termómetro que retrata perfectamente el deterioro del mercado laboral. Por un lado, el número de ofertas disponibles baja desde hace tiempo. Por el otro, los demandantes están dispuestos a aceptar prácticamente cualquier trabajo. «Antes, la demanda de internos en casas cuidando a ancianos se cubría casi exclusivamente con inmigrantes, porque eran los únicos que aceptaban ese trabajo, y ahora ya están empezando a decir que sí también los de aquí», dice María Freire.