En el valle del río Pequeno, en O Courel, están estratégicamente ubicados seis asentamientos castreños. Parece evidente que su finalidad, entre otras, era la de controlar el acceso desde las tierras de Samos hacia la sierra, donde existieron importantes explotaciones auríferas. El último castro de este conjunto y el que se encuentra a mayor altura es el de Paderne, situado a unos trescientos metros del pueblo del mismo nombre. Es también uno de los más espectaculares de la zona en lo que respecta a su sistema defensivo, del que quedan importantes vestigios.
Para visitar el castro hay que situarse en la aldea de Paderne y andar unos trescientos metros por la carretera que va hacia Seoane. Un camino que sale a la izquierda del vial lleva directamente hasta el antiguo núcleo fortificado, situado a unos cien metros de distancia. El sendero discurre muy encajonado y se corresponde con un profundo foso -ya en las inmediaciones del castro- que fue excavado en la roca para defender el castro por su flanco oeste. Hay que seguir bordeando el foso hasta llegar a la altura de una rampa perteneciente al acceso original del castro, por la que se entra en el recinto.
El camino de acceso conduce a una primera terraza delimitada por restos muros defensivos y por lindes o divisiones de fincas hoy ocupadas por castaños. Se aprecian varios bancales preparados en su día para igualar el terreno, seguramente con el fin de facilitar la construcción de viviendas para los habitantes del castro.
Más terrazas y muros
Por debajo de la anterior se halla una segunda terraza, también separada y protegida por muros que dividen fincas, construidos con piedra procedente de las viejas estructuras defensivas. En el lado sur se aprecia un recinto que comunica ambas terrazas, con una anchura que oscila entre 1,5 y tres metros. En la parte más ancha se observan los restos de lo que parece haber sido una torre de vigilancia. En un ángulo de este recinto y pegado al muro interior pueden los restos de lo que pudo ser una construcción de planta cuadrada. La parte visible se levanta unos cincuenta centímetros del suelo y se encuentra cubierta de tierra.
En la parte más elevada del castro se encuentra la croa o recinto central, delimitado por una reducida terraza y un muro defensivo. En la parte exterior de este muro pueden apreciarse varios huecos o pequeñas ventanas a modo de saeteras, que posiblemente tuvieron la función de ayudar a vigilar el conjunto fortificado.