«Había peleas por sacar dinero del cajero»

Gallegos residentes en la ciudad recuerdan la frustrada revuelta contra Erdogan

.Hace ahora un año, la población tomó el puente sobre el Bósforo para frenar el golpe
Hace ahora un año, la población tomó el puente sobre el Bósforo para frenar el golpe

Estambul

El 15 de julio del 2016, los ciudadanos turcos se echaron a la calle, alentados por su presidente, Recep Tayyip Erdogan, para hacer frente al levantamiento militar que había bloqueado las principales ciudades del país. Explosiones, tiroteos y vítores resonaron especialmente en algunas zonas de Ankara y Estambul, pero la sensación más común en todo el país fue la incertidumbre.

A punto de cumplirse el primer aniversario de un acontecimiento que cambió el orden en el país, tres gallegos residentes en Estambul han contado a este diario cómo vivieron el intento de golpe de Estado. Prefieren mantener el anonimato por motivos personales, aunque dicen sentirse seguros en su ciudad de acogida y no haber sufrido ningún desencuentro.

«Recuerdo que se oía algún helicóptero sobrevolando la zona, y que al mirar por la ventana vi que había varias personas peleándose para sacar dinero en el cajero debajo de mi casa», describe uno de ellos. El mayor tumulto tuvo lugar en los puentes que conectan los dos continentes, y en las calles más céntricas de la zona europea, mientras que el resto de la ciudad se mantenía alerta a lo que iba sucediendo. «Yo no me sentí insegura en ningún momento, pero sí estuve en contacto con gente que estaba en el lado europeo y que pasó miedo, porque oía disparos y mucho jaleo en la calle», recuerda una gallega residente en Estambul.

Lo peor fue la incertidumbre de no saber qué estaba ocurriendo o si debían hacer las maletas y volver a Galicia mientras la situación se calmase. «Los aeropuertos estaban bloqueados, pero estuvimos en contacto con gente en España por si fuera necesario salir del país», cuenta un tercero.

«Al principio -añade- no sabes qué está ocurriendo. Yo recuerdo que llegué esa misma tarde desde Ankara. Había ido a hacer unas gestiones a la capital dos días antes, y recuerdo que por primera vez sentí inseguridad. Tampoco sé qué es lo normal en Ankara, pero desde luego en Estambul no hay policía y militares en cada intersección». Y en la capital, dos días antes del intento del golpe, sí la había.

Estando alejados del foco del conflicto, algunos se enteraron de lo que estaba ocurriendo a través de los vecinos: «Una de las vecinas me dijo que había una ‘huelga’ y que debía de ir a sacar todo el dinero que pudiese. No entendía por qué, hasta que alguien que sabía que había ido a Ankara me dijo que había cazas sobrevolando la capital, preguntándome si estaba bien. Mi vecina había utilizado el término inglés strike (huelga), en lugar de coup (golpe), pero cuando me dijeron lo de los aviones, lo tuve claro».

«Estuve despierto hasta las cuatro o cinco de la mañana, viendo el único canal que no habían bloqueado», cuenta uno de los gallegos residentes en Estambul. Se trataba del canal de noticias CNN Türk, donde se pudo ver a Erdogan pidiendo a los ciudadanos, a través de FaceTime, que saliesen a la calle a detener a los golpistas.

Al día siguiente, recuerda otro, no salieron de casa por precaución, a la espera de que se fuesen aclarando los hechos. «Pero dos días después estábamos haciendo nuestra vida normal, yendo a la playa y saliendo a comer», dice.

La purga de las instituciones públicas y el sistema educativo llevada a cabo tras el intento de golpe no les ha afectado, y aseguran que siguen haciendo su vida igual que antes: «Me he encontrado con gente que se sorprende de que sea extranjera y aún siga aquí. ‘Qué bien que te quedes cuando todo el mundo se está yendo’, te dicen, y ves las detenciones y protestas y da respeto… Pero lo cierto es que mi día a día no ha cambiado».

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