Francia intenta frenar el avance de la ultraderecha

Emmanuel Macron recibe el apoyo de socialistas y conservadores para la segunda vuelta, que disputará con Le Pen

Francia decide el futuro de Europa El reformista Emmanuel Macron recibe el apoyo de socialistas y conservadores para la segunda vuelta, que disputará con la ultra Marine Le Pen
Colpisa
París

El centrista Emmanuel Macron puso un pie en el Elíseo para ser el jefe del Estado más joven y suceder al socialista François Hollande, su padrino político, con su victoria por un margen en apariencia confortable en la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas. La figura emergente de la política gala, novato en estas lides y de perfil socioliberal, cuenta con un potencial de votos más que suficiente para derrotar en el duelo final del 7 de mayo a la ultraderechista Marine Le Pen, con reservas muy limitadas entre los partidarios de los nueve candidatos eliminados. El escrutinio confirmó el esperado fracaso de las grandes familias conservadora y socialista, que se habían alternado tradicionalmente en el poder de París, cuyos postulantes, François Fillon y Benoît Hamon, fueron apeados de la contienda pese a haber ganado con brillantez las primarias organizadas en otoño e invierno en sus respectivos campos.

Los resultados provisionales arrojaron un duelo inédito en Francia entre el centro europeísta y la extrema derecha eurófoba. Macron, el gran triunfador de unas elecciones que recomponen el paisaje político nacional, cosechó entre el 23,7 y el 23,8 % de los votos emitidos, mientras que Le Pen reunió del 21,6 al 22 % de las papeletas. La presidenta del Frente Nacional, que sueña con ser la primera mujer en entronizarse en el Elíseo, afronta la misión imposible de romper el techo electoral que le impide convencer a más de la mitad del electorado, debido al rechazo casi unánime de las demás corrientes ideológicas a sus tesis xenófobas y extremistas. Como ocurrió con su padre y fundador del partido, Jean-Marie Le Pen, hace 15 años, también clasificado para la segunda vuelta, los principales aspirantes fuera de juego, empezando por Fillon y Hamon, llamaron a sus seguidores a cortar la ruta hacia el poder al populismo nacionalista.

El más joven de los once competidores, Macron, logró a sus 39 años la proeza de imponerse en su estreno con el sufragio universal justo un año después de la fundación del movimiento En Marche!, que lleva sus iniciales, un hecho sin precedentes en la política francesa. El exministro de Economía en el Ejecutivo socialista se benefició del voto útil de la izquierda con vocación gobernante y de los sectores progresistas defensores de permanecer en la UE. Su propuesta liberal en lo económico y reformista en lo social también atrajo a las corrientes moderadas de los conservadores con mayor sensibilidad social y al centrismo partidario de la superación de la tradicional división entre izquierda y derecha.

La sorpresa de la velada estuvo encarnada por el izquierdista Jean-Luc Mélenchon, versión a la francesa de Podemos, que con aproximadamente el 19,5 % de los sufragios disputó hasta última hora el tercer peldaño del podio al conservador Fillon, gran derrotado de unos comicios generalmente considerados imperdibles para la oposición del centro derecha al cabo de cinco años de impopular mandato socialista. El socialista Hamon, con apenas el 6 % de los votos, endosó la humillación de materializar un resultado para el partido inferior al listón del 10 % por primera vez desde el irrisorio 5,01 % registrado por Gaston Defferre en 1969.

La abstención rondó el 20 % del censo, en torno a la media histórica de las presidenciales, que son con diferencia la cita con las urnas de mayor tirón en Francia.

Falsas alarmas y protesta de Femen en una elección tranquila

El aparente buen humor con el que apareció Marine Le Pen en el colegio electoral de Hénin-Beaumont se diluyó a causa de la protesta de una decena de activistas de Femen. Sobre sus torsos desnudos llevaba escrito «Equipo Marine» y en sus rostros caretas de la ultra, su padre, Trump y Putin.

El impresionante despliegue de 50.000 policías y 7.000 soldados no impidió los sobresaltos. Varios puntos de voto fueron evacuados a lo largo de la jornada electoral por falsas alarmas.

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