Imagen:Chávez y Baduel

Venezuela, otros cuatro años en caída libre rumbo al abismo

El cinco de marzo de 2013 se hacía oficial la muerte de Hugo Chávez, uno de los personajes más carismáticos y polémicos de la historia reciente de América Latina. Cuatro años después, a la vista de la herencia que le dejó al país y en manos de quién la dejó, el «Gigante Eterno» se derrumba y cada día son más sus incondicionales que se sienten estafados.


A CORUÑA

Llegó al poder como salvapatrias, no solo no resolvió ninguno de los graves problemas que arrastraba el país, sino que lo destrozó política, social y económicamente. Lo dejó en manos de uno de los personajes más siniestros de la historia contemporánea que está acabando de rematar la faena.

El analista de política internacional Moisés Naím, coproductor de la recién estrenada serie televisiva El Comandante, profundo conocedor del fenómeno chavista y de la realidad venezolana, explicaba en unas recientes declaraciones que Chávez fue la gran oportunidad perdida para su país. «El talento que tenía, con unas ideas diferentes acerca del manejo de la economía, una mayor tolerancia hacia los demás que opinan diferente, un presidente con un temperamento algo más democrático, imagínense la Venezuela que hubiese podido construir. Llegó con dos cheques en blanco al Gobierno: el que le dio la sociedad venezolana y el del mercado petrolero. Imagínense a este señor con su talento y esos dos cheques en blanco, el financiero y el político, haciendo una Venezuela diferente».

 Un reciente estudio sobre el liderazgo en América Latina, realizado en base a 200 entrevistas a líderes políticos de la región, se refiere a él como «el usurpador del poder por excelencia». Nada más llegar al poder inició el proceso de neutralización del poder judicial y, a través de las Leyes Habilitantes, usurpó el poder del Legislativo. Según Laura Tedesco, una de las autoras del estudio, Donald Trump es otro caso claro de usurpación del poder. «Parece que el espíritu de Chávez se ha instalado en el Despacho Oval», dice.

 Herencia envenenada

El muerto dejó a su ungido como sucesor una herencia envenenada que se la ha complicado aun más por la vertiginosa caída de los precios del petróleo, su casi exclusiva fuente de ingresos, que hace absolutamente insostenible una economía subsidiada y carcomida por una corrupción rampante y con una productividad bajo mínimos históricos.

Las estadísticas elaboradas por organizaciones no gubernamentales y las pocas oficiales que se conocen son elocuentes: Solo en los dos primeros años del gobierno de Maduro el PIB anual pasó del +5,6% (2012) al menos -4,0% (2014). El precio del petróleo de 101,67 a 48,82 el barril. La producción de 2,91 millones de barriles diarios (2012) a 2,68 millones (2014). Las reservas internacionales de 27.104.000.000 de dólares (2013) a 24.241.000.000 (2015). La deuda externa de 118.949.000.000 de dólares (2012) a 134.522.000.000 (2014). La población en situación de pobreza del 25,1% (2012) 32,1% (2013). La escasez de productos básicos del 20% (2013) al 29,4% (2014). Los homicidios 21.692 (2012) a 24.980 (2014) La popularidad Chávez/Maduro del 55,07% (2012) 22,6% (2014). La tendencia se mantuvo y/o se incrementó en los dos últimos años.

 El difunto comandante sostenía la ilusión bolivariana a base de ordeñar la vaca sagrada de Petróleos de Venezuela (PDVSA), una de las principales empresas petroleras del mundo, que entre lo que robaron, lo que regalaron y la drástica caída del precio del crudo, se quedó seca.El gasto social de PDVESA ya había caído un 80% en los tres primeros años del madurismo.

Más papel moneda

 La única actividad económica que no dejó de crecer en el postchavismo fue la fabricación del papel moneda, lo que convirtió a Venezuela en el país con la mayor inflación del mundo. Frente a esta realidad, la reacción del inquilino del palacio presidencial de Miraflores fue decretar la salida de circulación del billete de 100 bolívares en vísperas de las pasadas fiestas navideñas. Le dio 72 horas de vida, pero mes y medio después no ha conseguido enterrarlo después de sucesivos aplazamientos.

 En teoría era un golpe sorpresa a las mafias que estaban acaparando el billete de mayor valor y de mayor circulación del país, para desestabilizar su revolución, pero hace un par de semanas saltó una noticia desconcertante sobre la que Maduro no dijo una palabra: la policía paraguaya decomisó en un galpón cercano a la frontera con Brasil un alijo de 30 toneladas de billetes de 100 y 50 bolívares. Inicialmente se especuló que su destino era el reciclar su papel para fabricar dólares falsos, pero la última teoría era que iban con destino a Bolivia para luego retornar a Caracas como pago de la deuda del gobierno amigo de Evo Morales. El misterio sigue sin resolver.

Comando antigolpe

Mientras tanto Maduro se devana los sesos en descubrir la fórmula para congraciarse con Donald Trump, el amigo de su amigo Putin, que ya le dio un susto metiendo en la lista negra a su nuevo segundo y potencial sucesor, Tareck El Aissami, amen de dedicarle unos cuantos Twits nada amistosos.

Este, que en el mes que lleva en el cargo de vicepresidente, está plenamente volcado en su otro cometido: jefe del comando antigolpe, ya sumó a su voluminosa hoja de servicios la detención del general, ex ministro de Defensa y compadre de Chávez, Raúl Isaías Baduel, horas antes de que concluyese el cumplimiento de una condena de siete años y once meses de cárcel por un supuesto delito de corrupción, que fue como calificó en su día la justicia bolivariana su posicionamiento en defensa de la Constitución. Ahora sospechan que se había convertido en un referente para un sector de las Fuerzas Armadas que no comulga con el actual ministro de Defensa Vladimir Padrino, un fiel vasallo de Nicolás Maduro.

 Por otra parte, los procesos electorales de los que tanto presumían cuando ganaban, ahora, después de los resultados obtenidos en diciembre del 2015, les producen pánico. Tras el bochornoso espectáculo de neutralizar la abrumadora mayoría de la oposición en la Asamblea Nacional con un Tribunal Supremo configurado a su medida y presidido por un expolicía condenado por asesinato, tratan de ilegalizar a los principales partidos de la oposición siguiendo el modelo de Daniel Ortega en Nicaragua.

 Con este panorama, a partir de ahora todas las miradas de los demócratas venezolanos que resisten en el interior del país y los que se han visto forzados a dejarlo están puestas en el Chávez del Despacho Oval de la Casa Blanca.

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