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Las primeras redadas de la era Trump desatan el miedo entre los simpapeles

Centenares de detenidos con orden de deportación en seis estados de EE.UU.


Nueva York / corresponsal

«Llevamos 30 años trabajando con la comunidad y podemos decir que lo de ayer no fue normal», denunció Angélica Salas, directora de la Coalición por los Derechos Humanos de los Inmigrantes de Los Ángeles. El Gobierno de Donald Trump ha comenzado a cumplir con sus amenazas de arrestar y deportar a cientos de indocumentados. Las primeras redadas han desatado el miedo entre la comunidad hispana.

Desde el jueves, los detenidos se cuentan por cientos y las redadas se extienden de costa a costa por ciudades como Nueva York, Los Ángeles, Chicago, Atlanta, Carolina del Norte y Carolina del Sur. No hay piedad. Los agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EE.UU. (ICE) llevan a cabo las detenciones en viviendas, puestos de trabajo, aparcamientos o en medio de la calle, participando así en el primer gran operativo de la Administración Trump contra los 11 millones de inmigrantes ilegales que viven en EE.UU. «No podemos ignorar las leyes», justificó el secretario de Seguridad Nacional, John Kelly, reconociendo incluso que él mismo participó en dos operativos del ICE.

Según las autoridades, solo en California los arrestos superan los 160. De estos, 151 tenían historial delictivo y el resto eran personas con orden de deportación pendiente, o que habían sido expulsados con anterioridad del país. Una de ellas fue Guadalupe García de Rayos, una mexicana deportada el miércoles y convertida en símbolo de la lucha migratoria. «El daño no es para nosotros, sino para nuestros hijos», dijo entre sollozos Guadalupe. La mexicana llegó a EE.UU. con 14 años y allí vivió ilegalmente otros 21. Tuvo dos hijos, hoy adolescentes y ambos con nacionalidad estadounidense. «El único delito que cometió mi mamá fue ir a trabajar para darle una mejor vida a sus hijos», dijo Jacqueline, hija de Guadalupe. La pequeña se refiere a cuando su madre fue arrestada en el 2008 por portar documentos falsos de inmigración. Por este motivo, Guadalupe pasó tres meses en una cárcel del condado de Maricopa, dirigida entonces por el polémico alguacil Joe Arpaio. Fue un delito civil en aquel momento, pero ahora con el nuevo Gobierno de Trump se cataloga como delito penal y por tanto es clasificado como robo de identidad, que es precisamente lo que ha ocurrido con la mexicana. 

Nuevo decreto

Su caso es un ejemplo de la nueva realidad que viven los simpapeles bajo la promesa de Trump de «hacer América grande otra vez» a base de endurecer las leyes migratorias. «El 77 % de los refugiados permitidos en EE.UU. desde el aplazamiento [del veto migratorio] viaja de siete países sospechosos. Muy peligroso», dijo el republicano con su habitual tono apocalíptico y tras chocarse contra los límites del poder ejecutivo. A este respecto, Trump anunció que se plantea reemplazar su decreto migratorio bloqueado con «uno nuevo» que podría ser emitido «el lunes o el martes».

La plataforma que aupó su candidatura busca ahora el apoyo popular contra los jueces. El equipo del presidente está enviando cartas a los seguidores de la campaña para que firmen a favor del cierre de las fronteras a los refugiados y musulmanes .

Los vínculos con Rusia persiguen a los miembros de la Administración de EE.UU.

Las relaciones entre el asesor de Seguridad Nacional, Michael Flynn y el vicepresidente Mike Pence no pasan por su mejor momento. Ambos mantuvieron una tensa conversación el viernes en un intento de contener las consecuencias de la divulgación de que Flynn discutió sobre las sanciones estadounidenses al Kremlin con el embajador ruso en Washington, Serguéi Kislyak. El contacto fue negado por el propio Pence y otros funcionarios de la Casa Blanca cuando se supo de las cinco llamadas telefónicas que mantuvieron Flynn y Kislyak el 29 de diciembre, justo el día en el que Barack Obama tomó represalias por la supuesta injerencia rusa en las elecciones presidenciales. «No discutieron nada que tenga que ver con la decisión de EE.UU. de expulsar a los diplomáticos rusos», negó un rotundo Pence el 15 de enero.

Ahora la versión es bien distinta. Según The Washington Post, Flynn dio un paso atrás el pasado jueves, asegurando a través de un portavoz que «si bien no recordaba haber discutido las sanciones, no podía estar seguro de que el tema no se tocó». La confirmación de esos contactos estaría reflejada en el marco de la investigación que el FBI está llevando a cabo al respecto de la injerencia rusa. De ser así, Flynn habría violado la ley que prohíbe que ciudadanos se hagan cargo de asuntos diplomáticos. «No lo sé, no lo he visto ¿Qué informe es ese?», contestó Trump. 

Pero las pesquisas sobre las relaciones entre Trump y el Gobierno de Vladimir Putin no se quedan aquí. Según la CNN, los servicios de inteligencia de EE.UU. «han corroborado parte de la información» que obtuvo un exespía del MI6 acerca de un supuesto chantaje del Kremlin al magnate. En aquel explosivo documento de 35 páginas se hablaba de Trump como un títere de Putin, con un vídeo sexual de por medio. La información confirmada no hay ninguna referencia a las aventuras sexuales, pero si una docena de conversaciones entre altos funcionarios rusos que dan detalles de reuniones, identidades, fechas y lugares. Incluso se da detalles de la habitación del hotel donde Trump se alojó en Moscú. Hay que tener en cuenta que hasta ahora, ningún detalle del dosier había sido confirmado.

El coqueteo entre Estados Unidos y Rusia lleva siendo una constante desde que Trump se presentó como precandidato presidencial. El último gesto al respecto lo ha revelado NBC News tras asegurar que Putin baraja extraditar a Edward Snowden a EE.UU. como «regalo» para el nuevo presidente. Aunque su abogado dice que son «puras conjeturas». 

 

 

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