El Eurogrupo se zafa de Grecia para no desatar otra crisis antes del verano

Cristina Porteiro
Cristina Porteiro BRUSELAS / CORRESPONSAL

INTERNACIONAL

ALKIS KONSTANTINIDIS | REUTERS

Entrega a Atenas 10.300 millones y deja la reestructuración de la deuda para después de las elecciones alemanas

26 may 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Una tregua de 10.300 millones de euros. Es lo que le ha costado al Eurogrupo aplazar hasta después del verano un nuevo capítulo de la interminable crisis griega. Atenas consigue desbloquear el segundo desembolso (10.300 millones de euros) del tercer rescate (86.000 millones), un balón de oxígeno para pasar de puntillas sobre los vencimientos de deuda de los tres próximos meses, los más complicados del año. 

El panorama guarda similitudes con el de hace solo doce meses. Entonces, las autoridades helenas rebuscaban en los cajones apolillados de las arcas públicas fondos para subsistir antes de plegarse a las durísimas exigencias de los acreedores. Hoy se rinden a sus demandas para no revivir los viejos fantasmas que llegaron a poner a Grecia con un pie fuera del euro. El objetivo ahora es desactivar el brexit. 

¿Cómo ha cambiado Grecia en un años? 

El Ejecutivo de Alexis Tsipras ha ido aprobando, no con pocas dificultades y desquiciantes regateos, las medidas a las que se había comprometido. Las subidas de impuestos, los recortes de pensiones y las privatizaciones le costaron cuatro huelgas generales. La oposición conservadora gana terreno y Grecia no remonta. Sigue enfangada en la recesión, con el desempleo en el 25 % y la deuda pública rozando el 180 % del PIB. El FMI, uno de los pilares de la antigua troika, no está conforme con las reformas estructurales emprendidas por el Ejecutivo de Atenas. Insiste en que el sistema de pensiones griego, el más costoso de la UE, es «impagable» y que el esfuerzo recaudatorio de Hacienda está lejos de ser satisfactorio. Lo más problemático: Considera su deuda pública «insostenible».  

Entonces, ¿por qué el Eurogrupo da luz verde a nuevos fondos?

Los ministros de Finanzas del euro y los acreedores de Grecia, consideran cerrada la primera revisión del último programa de rescate. Los ajustes emprendidos por Tsipras han sido  «valientes». El espaldarazo no es un gesto de reconocimiento sino de temor a una tormenta perfecta a las puertas del verano: Crisis griega, brexit y crisis migratoria. «Quieren dejar el camino despejado de cara a la celebración del referendo británico», aseguran fuentes diplomáticas. Acuerdo de mínimos para aplazar la solución del complejo rompecabezas griego para cuando amaine la tempestad en la UE. Tsipras, reconvertido en socialdemócrata,  ya no es una amenaza inmediata. Atenas se conformará con el desembolso inicial de 7.500 millones de euros en junio. Los otros 2.800 millones, después del verano. 

¿Qué pasará con la deuda?

Tsipras lleva un año pidiendo el alivio de la carga para no obstaculizar el crecimiento, el FMI, aliado en este caso de Atenas, una quita parcial por parte de los socios europeos y Alemania, que no le cueste un céntimo. Quiere la devolución íntegra del préstamo con intereses y que las plegarias griegas no sienten un precedente para otros países. La cerrazón germana puede consumar a la larga el divorcio del Eurogrupo con el FMI. Berlín no quiere abrir la mano antes de las elecciones previstas para finales del 2017. El gesto le podría salir muy caro a Angela Merkel, quien asiste con resignación al auge de los populistas del AfD. Grecia y el FMI se tendrán que conformar por el momento con una reestructuración gradual de la deuda, extendiendo vencimientos y reduciendo intereses. Solo en el 2018, con el calendario electoral más nítido, el Eurogrupo evaluará de nuevo la sostenibilidad de la deuda y activará medidas más ambiciosas si el PIB no remonta. El FMI accedió a regañadientes a condición de valorar a finales de este año si sigue a bordo del rescate o abandona el barco en plena travesía.  

¿Es el fin de la crisis?

Ni mucho menos. Los problemas de Grecia solo se han prorrogado. Los sacrificios no han hecho más que empezar. Atenas deberá conseguir un superávit del 3,5 % del PIB para el 2018, una tarea titánica que no ha conseguido ninguno de los países que han sufrido más de cinco años de recesión en los últimos 200 años.