Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad
0
0
0
0
Publicidad

«Me pegaron, claro que me pegaron»

Ejército y policía de Macedonia interceptan a los refugiados en la frontera, los golpean con palos, los meten en camiones y los dejan en medio de las montañas de retorno a Grecia

La Voz en Idomeni, 16 de marzo de 2016. Actualizado a las 15:27 h. 4

Ampliar imagen

0
0
0
0

Llegaron a Grecia de madrugada empapados, después de pasar más de 10 horas sentados en el suelo bajo la lluvia. Niños, mujeres embarazadas y personas mayores no podían ni moverse. El Gobierno de Macedonia devolvió a todos los refugiados que cruzaron su frontera. En el campo improvisado de Idomeni, el más grande de Europa, aseguran que los militares macedonios los golpearon con palos, los metieron en camiones y los dejaron en medio de las montañas con la advertencia de que no volverán a abrir su frontera.

Vestidos con chubasqueros verdes caminando bajo la lluvia, todos reconocen a quienes decidieron buscar suerte por la ruta alternativa a Macedonia río a través. Están en sus tiendas de campaña intentando dormir, ante las hogueras secando sus ropas, tratando de encontrar consuelo o curando sus heridas. Raja tiene apenas 10 meses. Está tapada por dos mantas y su madre la acuna en las literas donde duermen. Su familia decidió coger las mochilas y seguir al resto. «Estaba muy asustada», asegura el padre que la cogió en brazos y cruzó el río con ella. Recuerda que el agua estaba congelada y que el bebé no paraba de llorar.

«La policía nos trató muy mal. No les importaban los niños ni las mujeres», relata. Dejaron atrás su ciudad en Siria, Hama, y están abatidos, pensando en volver. «Después de lo que pasamos ayer no podemos aguantar más. Pido a Europa que nos devuelvan a Siria». La pequeña está enferma, no deja de toser y su madre ya no sabe que hacer para sacarla del barro y de la lluvia. «Lo único que quiero es que ella pueda vivir, solo eso», ruega una y otra vez. «Sueño con que pueda ir al colegio y que duerma en una cuna».

«No hay humanidad»

El Gobierno de Macedonia ha devuelto a más de 1.500 refugiados la mayoría niños pequeños, mujeres y personas de edad. Llevaban más de dos semanas durmiendo en el barro, pero la peligrosa travesía ha complicado aún más su estado de salud. Anímicamente están destrozados. Nuri Mohamed acaba de cumplir 60 años y ayer pensó que moriría en el río que separa Grecia de Macedonia.

«Lo hice porque no teníamos nada que perder», explica. «Cuando caminaba pensaba que todavía había humanidad pero no. No hay humanidad en este mundo», se duele mientras repone fuerzas tumbado en su cama. Tiene parálisis en las piernas. Recorrió los ocho kilómetros para pasar al país vecino en silla de ruedas. Los voluntarios lo arrastraron para cruzar el río.

«Me pegaron, claro que me pegaron, y a los niños, para que nos moviéramos», susurra. Apenas puede hablar y está exhausto. Viaja con su hija y tres nietos, su mujer murió hace unos meses. En Siria ya no le quedaba nada ni siquiera su casa. «Vengo a Europa porque quiero morir con mis hijos en Alemania, no aquí», concluye. Los testimonios sobre malos tratos, como el suyo, se repiten. Omar, un iraquí citado por Reuters, asegura que los militares fueron «muy duros». «Me sentí como en una máquina de muerte, como si no nos tratasen seres humanos», se lamenta.

La «marcha de la esperanza», «una acción organizada» según el Gobierno griego y que algunos medios locales atribuyen a grupos de izquierda, terminó siendo una auténtica pesadilla. «Nos repartieron unos papeles con información, pensamos que eran de las oenegés y por eso salimos del campamento», cuenta Rojín. «Hubo un momento en que pensé que caería desmayada al suelo», añade. «Si esto sigue así yo me cuelgo de la valla, ya no puedo más», concluye. La lluvia, el frío y el barro son el día a día de miles de personas en territorio europeo que esperan llegar a Alemania

Las autoridades griegas han pedido a los refugiados que dejen el campamento con la promesa de que les darán comida y una cama caliente en la que dormir. Lo cierto es que muchos apenas tienen información y siguen sin creer que la frontera estará cerrada para siempre. El comisario europeo de Migración, Dimitris Avramopoulos, apareció en Idomeni un día después de que las imágenes de niños llorando a brazos de sus padres ocuparan las portadas en todo el mundo. Aseguró que la Unión Europea (UE) pretende reubicar a 6.000 personas por semana. Pero, sobre el terreno, los refugiados desconfían de las promesas de las autoridades. Solo quieren que «mamá Merkel» los salve y rezan para que consiga convencer a Europa de que abra las fronteras.

Publicidad

Comentarios 4