Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad
0
0
0
0
Publicidad

Hay vida después de la yihad: menores condenados en España dejan atrás su radicalismo

Uno de ellos tenía todo listo para enrolarse en el Estado Islámico, otro seleccionó posibles objetivos para atentar y otros hacían apología en la red

Europa Press 24 de enero de 2016. Actualizado a las 18:55 h. 2

Ampliar imagen

0
0
0
0

Menores que en los últimos años han sido detenidos en España por su relación con el terrorismo yihadista están logrando dejar atrás su radicalización tras ser apartados de su entorno habitual o someterse al trabajo de profesionales. Recientemente, la Audiencia Nacional ha podido constatar la evolución positiva de algunos de estos jóvenes que en cuestión de meses han pasado de plantearse los riesgos de viajar a Siria para a hacer la yihad a enfrentarse a los exámenes del colegio.

Uno de estos casos es un menor que fue detenido en una de las operaciones antiyihadistas más relevantes de las realizadas en España hasta la fecha. Nació en un país sin ningún tipo de arraigo musulmán y emigró a España con sus padres. Su radicalización no vino de la mano de las redes sociales o un ordenador, sino frecuentando las mezquitas de su localidad. Así hasta convertirse al Islam de la mano de un grupo radical que se hacía llamar «Fraternidad Islámica» y que tenía como meta formar parte del Estado Islámico.

En el grupo había otros conversos como él, empezando por el cabecilla, un español. Se reunían en la mezquita, en las casas o en los locales en los que trabajaban. Celebraban encuentros de apología yihadista, exaltaban a Estado Islámico y hablaban constantemente de dar el salto y viajar a Siria. El menor no solo se integró rápido a la dinámica del grupo, sino que pasó a ser uno de sus miembros más activos; gozaba de la máxima confianza del líder.

Su proceso de radicalización había evolucionado de tal manera que fue de los primeros en presentarse voluntario para viajar a Siria. Tuvieron que hacerle desistir, su minoría de edad podría acarrear más problemas de los habituales. Pasado un tiempo, en el grupo comenzó a tomar fuerza la idea de llevar a cabo un atentado en España y el joven converso se lanzó a la calle en busca de posibles objetivos: una librería judía, una comisaría, una sinagoga... todos estos lugares llegaron a ser fotografiados.

No ocultaba su radicalismo

No ocultaba su radicalismo a su entorno y hacía proselitismo incluso con el hermano de su pareja, que apenas tenía diez años. Así hasta que fue detenido en abril del 2015 por integración en organización terrorista. Al ser menor no ingresó en prisión, sino en un centro de reforma, en régimen cerrado, durante seis meses.

Pero una vez separado del grupo el menor comenzó a experimentar un cambio de actitud, según recoge la sentencia de la Audiencia Nacional en la que el pasado 18 de diciembre le condenaron a seguir en el centro de menores tres años más y luego otros tres en libertad vigilada. El trabajo con los profesionales del centro permitió adentrarse en la situación personal del joven hasta el punto de concluir que abrazó la religión musulmana «como recurso de afrontamiento», según los especialistas que le tratan.

Detrás había un carácter introvertido marcado por la «insatisfacción y el desánimo», una historia marcada por una mala relación con su familia, abandono escolar, consumo de drogas, una economía precaria y falta de adaptación. Por ello la apuesta de los profesionales es dotarle de recursos personales, sociales y formativos que faciliten su integración en la sociedad.

La Fiscalía de la Audiencia Nacional valoraba así la «evolución positiva en su comportamiento»: «a pesar de que el Estado Islámico tiene un objetivo claro en el aleccionamiento de jóvenes, cuando alguno de estos menores han podido salir de esa captación y desarrollar una actividad normalizada, es muy gratificante que, afortunadamente, los mecanismos que la ley pone a disposición del menor han dado sus resultados».

Confianza en los profesionales

Por ello desde el Ministerio Público consideran «conveniente» la decisión adoptada por el Juez de Menores de la Audiencia Nacional, José Luis Castro, de que el menor siga en el centro en el que se encuentra actualmente «dada la confianza que ha mostrado en el equipo de profesionales que trabajan con él».

Expertos en la lucha contra el terrorismo yihadista vienen alertando de lo que llaman «adoctrinamiento express», una característica cada vez más habitual según han podido detectar en sus últimas investigaciones y operaciones policiales contra grupos radicales. Se trata de individuos, en su mayoría chicos y chicas jóvenes, que pasan de llevar una vida aparentemente normal a estar dispuestos a enrolarse en la yihad tras apenas unas semanas de exposición a los mensajes radicales.

No obstante, las mismas fuentes advierten de que, al igual que han sido rápidamente adoctrinados, su ideologización no es lo suficientemente profunda y son más fáciles de tratar en caso de detectarse a tiempo. El resultado, por tanto, no es el del clásico terrorista con profundas convicciones tras una larga experiencia en la comisión de atentados.

El pasado 18 de diciembre accedió a la libertad vigilada otro menor de edad que, tras ser detenido, fue ingresado en un centro de menores. Fue interceptado por la Guardia Civil en marzo del año pasado cuando ya tenía todo listo para partir a Siria a integrarse en Estado Islámico. Había hecho su maleta y tenía prevista la ruta que le iba a llevar primero a Marruecos y después a Turquía. Menos de un año después, ha vuelto a casa con su padre.

Evolución positiva

En el auto al que ha tenido acceso Europa Press, el juez valora «muy especialmente» el informe emitido por el representante del centro de menores que señala la evolución positiva del joven, incluso a nivel escolar, contando con la aprobación de sus profesores.

Pero para mantener esta situación de libertad, la Audiencia Nacional fija varias condiciones, la primera de ellas la obligación de vivir con su padre, a quien le pide además que informe cada quince días sobre la evolución de su hijo. Otro requisito que impone el juez es que se tomen todas las medidas necesarias para que pueda terminar los exámenes y finalizar el curso con la obtención de la certificación correspondiente de estudios.

Otro caso de rehabilitación es el que representan dos hermanos que fueron condenados el año pasado por enaltecimiento del terrorismo y menosprecio a las víctimas. Publicaban en Facebook numerosos mensajes de apoyo a las acciones yihadistas (incluyendo los atentados contra Charlie Hebdo), increpaban a otros, elogiaban los entrenamientos de Estado Islámico en Siria...

La Audiencia Nacional les impuso en noviembre diez meses de tareas socioeducativas para favorecer «una reflexión real de las consecuencias de sus actos». Antes de adoptar una postura, el juez pulsó la opinión de los técnicos, que desaconsejaron el internamiento para que pudiesen compaginar las tareas socioeducativas con los estudios que cursaban en ese momento.

Ambos hermanos aceptaron los hechos que figuraban en su condena, incluyendo la obligación de someterse a las tareas socieducativas sin que hasta la fecha hayan protagonizado ninguna incidencia negativa.

Las fuentes consultadas indican que estos no son los únicos casos de menores seducidos por el yihadismo que han logrado pasar página. Los expertos ponen como ejemplo de esta rehabilitación a dos chicas menores de edad detenidas por las fuerzas de seguridad españolas en el 2015. Una de ellas llegó a participar en un minuto de silencio tras los atentados de Estado Islámico en Francia el pasado mes de noviembre.

Publicidad

Comentarios 0