Los rebeldes sirios decapitan a un franciscano al grito de «Alá es el más grande»

El sacerdote fue asesinado en un convento donde se encontraba alojado para refugiarse y prestar ayuda a los más necesitados


La Custodia en Tierra Santa se encuentra de luto por la muerte del sacerdote franciscano Francois Murad a manos de rebeldes en Siria, que lo habrían decapitado ante decenas de personas en medio de vítores y alabanzas de «Alá es el más grande».

Un comunicado de la Custodia con sede en Jerusalén afirma que el pasado 23 de junio Murad fue asesinado en un convento perteneciente a la orden en Siria, donde se encontraba alojado para refugiarse y prestar ayuda a los más necesitados, y apunta que las condiciones de su muerte no se han aclarado aún.

La nota precisa que el convento donde se encontraba el sacerdote solo ha sido totalmente saqueado.

Un vídeo difundido por internet muestra cómo un grupo de opositores al régimen de Bachar al Asad encapuchados leen una suerte de condenas a varios hombres maniatados y arrodillados en el suelo, entre los que se aprecia uno que parece vestir una sotana de color oscuro.

Presumiblemente el franciscano es acusado de tener números de teléfono oficiales, razón que los rebeldes esgrimen para vincularlo al régimen sirio o de dar refugio a partidarios de al Asad.

Poco después un verdugo decapita con un cuchillo de pequeñas dimensiones al clérigo ante la atenta mirada de decenas de personas, algunas de las cuales graban la ejecución con sus móviles mientras se escuchan gritos de «Alá es el más grande».

De acuerdo a la Custodia en Tierra Santa, el padre Francois era bien conocido en la región donde se había retirado hacía algunos años como ermitaño tras haber realizado el noviciado franciscano para la Custodia en Roma, pues era originario de Siria.

«Sus vínculos con la Custodia siguieron siendo fuertes y solía ir con frecuencia a ayudar a los distintos conventos, sustituyendo a los frailes, hasta tal punto que era uno de los nuestros», según manifestó el Custodio de Tierra Santa, Pierbattista Pizzaballa.

«Desde el comienzo de la guerra en Siria, dejó su ermita para asistir a un fraile enfermo y prestar servicio en una comunidad religiosa vecina, y encontrarse así más seguro. Las circunstancias trágicas de su muerte se sienten especialmente en la Custodia», reza el comunicado.

La nota indica que los riesgos que afrontan los sacerdotes en el país vecino en conflicto son grandes, y que los frailes acogen a los refugiados en algunos conventos, que se han convertido en auténticos «dormitorios» y distribuyen alimentos a los prófugos y a todos los que se presentan a las puertas de los hospicios.

Subraya que el secuestro de dos obispos de los que no se tiene noticias desde hace dos meses, y el bombardeo de un convento en territorio sirio en diciembre, también son reflejo de la difícil situación que se vive en el país.

«La muerte del padre Francois ha sido un duro golpe para todos los frailes. A pesar de todo, los frailes siguen siendo una gran ayuda espiritual para la población a la que sirven», reza texto del comunicado de la Custodia.

Por último, hace un llamamiento a la comunidad internacional para encontrar vías de diálogo con las fuerzas militares presentes en Siria para que se instaure una tregua y se trabaje en la conciliación de las partes en conflicto.

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