Irak se vio involucrada ayer directamente en el conflicto de la vecina Siria cuando un grupo armado mató a 48 soldados sirios y a nueve de los suyos que viajaban en un convoy por la provincia iraquí de Al Anbar de camino a Siria, según el balance del Gobierno. Es el primer ataque en Irak contra militares de Bachar al Asad desde que comenzó el conflicto en el 2011. Bagdad acusó del asalto a un «grupo terrorista» sirio.
Los soldados habían entrado el sábado por la provincia iraquí de Nínive escapando de los rebeldes, tras la toma de control del puesto fronterizo de Yarabiya. Después de ser trasladados a Bagdad, el Ejército iraquí pretendía ayer trasladarlos a la frontera siria por Al Anbar, cuando fueron emboscados.
El comando armado atacó el convoy con morteros, armas automáticas y minas, según contó al canal catarí el teniente coronel iraquí Mohamed Jalaf al Dulaimi. Además de los 57 muertos, ocho soldados sirios y cuatro iraquíes resultaron heridos y tres vehículos del convoy, un autobús y dos Hummer, fueron pasto de las llamas.
De poco le valió a Irak cerrar la zona fronteriza con Yarabiya e imponer el toque de queda para evitar que la violencia se extendiera a su territorio. Ya el viernes un misil Scud cayó cerca de una aldea iraquí situada frente a Yarabiya, sin causar daños.
El asalto «confirma los temores de que algunos intenten llevar el conflicto a Irak, pero enfrentaremos esos intentos con todo nuestro poder», dijo a AFP Alí Musawi, portavoz del jefe del Gobierno, Nuri al Maliki.
Equilibrio sectario
El precario equilibrio sectario entre chiíes y suníes en Irak ha estado bajo presión desde el inicio del conflicto en Siria, donde los insurgentes, la mayoría suníes, combaten para derrocar a Al Asad, apoyado por el Irán chií. Hace unos días, Al Maliki advirtió que una victoria de los rebeldes en Siria desataría una guerra sectaria en Irak, una guerra civil en el Líbano y una división en Jordania.
Pese a que Occidente se resiste a entregar armas a la insurgencia, por temor a que caigan en manos de extremistas, esta prosigue su avance militar. El último ha sido la conquista de la ciudad de Raqa, situada sobre el río Éufrates y a poca distancia de Turquía. Como símbolo de su conquista, los milicianos derribaron una estatua de Hafez al Asad, padre del actual presiente. «Esta es la primera capital de provincia donde los rebeldes han hecho tales progresos. Controlan casi toda la ciudad, aunque hay algunos focos de resistencia», informó el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos.