Unas 90.000 personas, según medios locales, participaron ayer en varias ciudades búlgaras en marchas de protesta contra la clase política, la corrupción y la pobreza, diez días después de que el Gobierno presentara su dimisión.
Las principales manifestaciones se celebraron en Sofía y en Varna, en las que se han congregado 10.000 y 70.000 personas, respectivamente, según la agencia Bgnes. La protesta, que coincide con el día nacional, continúa la ola de manifestaciones que comenzó hace un mes y que tuvo como detonante los elevados precios de la electricidad, que han obligado a muchos ciudadanos del país más pobre de Europa a reducir el consumo en pleno invierno.
«Mafia» y «El oligarca Borisov en la cárcel» son algunas de las consignas que se han podido oír en Sofía, en referencia a Boiko Borisov, el primer ministro cuyo Ejecutivo dimitió el 21 de febrero ante la presión popular. En Varna, grupos de manifestantes anunciaron que dejarán de pagar las facturas del agua y de la electricidad, cuyo suministro está en manos de tres compañías extranjeras, dos austríacas y una checa.
Los ciudadanos reclaman la nacionalización de la distribución de energía, la reforma de la Constitución, un Gobierno de transición, más participación ciudadana en las esferas de poder y la supresión de la inmunidad parlamentaria. Las elecciones podrían celebrarse antes del 12 de mayo.
Ayer el país se despertó con otro jarro de agua fría. El ministro del Interior alemán, Hans-Peter Friedrich, amenazó con vetar el ingreso de Bulgaria y Rumanía al espacio de Schengen en la reunión que mantendrá en unos días con sus pares europeos en Bruselas.