Las reformas de Jordania se quedan a medias con la elección de un Parlamento prorrégimen

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El jordano que votó en las elecciones del miércoles al Parlamento -el único órgano que se forma por sufragio directo- suele conocer personalmente al candidato. Si no, «paso de votar en unas elecciones que no entiendo y en la que todos son unos corruptos», afirma Dima, una administrativa de 36 años que nunca ha pisado un colegio electoral, una de las tendencias más verbalizadas estos días.

El comentario responde a la sensación de descrédito generalizado que tiene la política jordana y alude al complejo sistema electoral de doble voto. A falta del escrutinio final, que «pocos entienden», hasta el momento el Parlamento seguirá formado por candidatos de las bases tribales y prorrégimen. «No podemos decir que ha sido un gran cambio, tenemos el mismo problema, aunque ha sido una victoria sobre todo para las mujeres que han obtenido dos representantes más de las quince que ya tienen por cuota», analiza Jamal Alshalabi, profesor de Política de la Universidad Hashemí, sobre un Parlamento con nuevas caras, pero con igual tendencia.

Los comicios se celebran bajo una nueva ley electoral, columna vertebral del plan de reformas del rey Abdalá II para aplacar el descontento popular alentado por la primavera árabe; pero rechazada de los opositores Hermanos Musulmanes, que quedan infrarrepresentados por ley. Llamaron al boicot de estos comicios, como en anteriores citas, aunque sin apenas efecto porque la participación creció en dos puntos, hasta el 56,5%. Los mayores porcentajes se han registrado en la zonas rurales; los más bajos en las grandes ciudades como Amán.