«Todos tienen claro en el régimen que Bachar al Asad está acabado»

Un alto cargo de la vieja guardia del partido oficial Baaz relata su versión de las conversaciones internas de la transición siria

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Cuando el 15 de marzo del 2011 comenzó la revolución siria, la oposición auguraba un rápido final. Un augurio que se fue postergando mes a mes sin que se vea luz al final del túnel. El paso del tiempo ha dado fuerzas a los rebeldes, pero más que por sus avances en el terreno militar por el desgaste del pueblo ante la cabezonería del régimen de Bachar al Asad.

Con la llegada esta semana del enviado de la ONU a Siria, Lakhdar Brahimi, los rumores de una incipiente transición monopolizan los comentarios de sobremesa en Damasco. Un alto cargo de la vieja guardia del partido oficial Baaz, que prefiere no dar su nombre, relata su versión de las conversaciones internas. «Todos tienen claro dentro del régimen que Bachar al Asad está acabado, el problema es como saldrá de esta. Intentamos mediar con los rebeldes. Incluso Rusia quiere un final temeroso y evitar que las revueltas se contagien a los países musulmanes del Cáucaso», afirma. «Se le ha ofrecido a él y a sus hombres viajar a varios países desde los Emiratos Árabes a Sudamérica o Rusia. Todo radica en que la oposición quiere que Bachar se vaya humillado antes de iniciar una transición, mientras que Bachar quiere salir con la cabeza alta y presidir la transición. Es todo una cuestión de imagen y orgullo», explica.

Ayer mismo el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, reconoció que Al Asad se sigue aferrando al poder y ve imposible hacerle cambiar de opinión.

Para el alto cargo sirio no hay una guerra civil en Siria, sino más bien una guerra de clases: «Hafez al Asad [padre de Bachar] puso en marcha hace 40 años un sistema muy complicado en el que minorías como la alauí y la cristiana obtuvieron grandes privilegios. Es una estructura piramidal que oculta un desempleo masivo». «Por cada persona con poder de decisión en una oficina -dice- hay cuatro o cinco que o bien vigilan o bien enmascaran el paro sin una labor clara. Se crea un sistema de vigilancia y de temor así como de clientelismo».

«Bachar ha empeorado la situación al aumentar el grado de corrupción y de poder en las manos de su familia y la de su mujer. Este sistema beneficia a las minorías que hoy no quieren perder sus privilegios, pero estos privilegios solo afectan a la clase dirigente. Los alauíes pobres, como los cristianos pobres, están tan a favor de los rebeldes como los suníes pero no pueden hablar», sentencia.

Transición política

El viceprimer ministro sirio, Faruk al Shara, ha sido la figura del régimen más proclive al diálogo con los rebeldes. Y por ello ha sido apartado y puesto bajo vigilancia por los más feroces defensores de Al Asad. No obstante, son los miembros más antiguos del Baaz quienes pujan ahora por una transición interna frente a un renuente grupo de alauíes que prefieren perdurar en el poder hasta que caiga el último de sus hombres.

Un alto directivo de la Universidad de Damasco coincide con la necesidad de una transición. «El régimen reposaba en una amplia base de civiles y militares. Cuando la revolución empezó, recurrió a los civiles, sindicatos y uniones de estudiantes, para frenar las protestas. Cuando esto falló recurrió a los militares. Cuando parte del Ejército empezó a desertar cerró el círculo recurriendo a la guardia republicana que dirigía el hermano menor de Bachar. Hoy fuera de Damasco no le queda apenas militares que le defiendan», explica. Como tantos otros profesores, admite seguir yendo a dar clase a un 10 % de los estudiantes que acuden, porque al fin y al cabo el grueso de funcionarios que siguen cobrando sus sueldos permiten que la vida prosiga en Siria.

Primera parte ¿QuÉ queda de la base del gobierno sirio?

Un miembro del Ejército Sirio Libre en Alepo. AHMED JADALLAH Reuters