El arsenal químico sirio, que por primera vez el Gobierno de ese país admitió poseer, existe hace varias décadas y es considerado uno de los más importantes de Oriente Próximo, aunque su real dimensión continúa en discusión por la escasa disponibilidad de datos no clasificados.
Los datos públicos son prácticamente inexistentes, en razón de que Siria es uno de los pocos países que no han firmado la convención que prohíbe las armas químicas y en consecuencia no integra la OIAC, la organización internacional encargada de controlar su aplicación.
«Seguimos de cerca las informaciones sobre Siria», pero «no podemos decir más nada si no enviamos inspectores sobre el terreno», lo que únicamente la ONU podría ordenar, explicó a la AFP Michael Luhan, vocero de la OIAC.
Los servicios de inteligencia son también parcos. Todos los años, el jefe de la DIA, la agencia de inteligencia militar de Estados Unidos, el general Ronald Burgess, repite ante el Senado de su país que el programa sirio «comprende depósitos de agentes neurotóxicos que pueden ser diseminados vía aérea o por medio de misiles balísticos».
Damasco procura sin embargo ayuda extranjera que le permita hacerse del saber técnico y de los precursores químicos necesarios a la fabricación de estas armas, dijo.
Siria dispondría de «centenares de toneladas» de diversos agentes químicos, destacó Leonard Spector, experto del centro de estudios sobre la no proliferación en el Instituto Monterrey de Estados Unidos.
Para Olivier Lepick, especialista francés en armamento químico de la Fundación para la Investigación Estratégica (FRS), «la panoplia de agentes químicos» de que dispone Damasco «es bastante fuerte».
Los sirios «lograron dominar la síntesis de los organofosforados, la última generación, y la más eficaz y tóxica, de armamentos químicos. A esta familia pertenecen el gas Sarín y el VX», así como «agentes mucho más antiguos como el sulfuro de etilo diclorado, es decir el gas mostaza», explicó a la AFP.
El programa sirio fue lanzado en los años 1970 con ayuda de Egipto y luego de la Unión Soviética. Rusia, desde la década de 1990, e Irán a partir de 2005, también le brindaron apoyo, según la Nuclear Threat Initiative (NTI), una organización independiente que recopila datos «abiertos» (públicos) sobre las armas de destrucción masiva.
El programa sirio de armas químicas parece ser dirigido desde el Centro de Estudios y de Investigaciones Científicas de Damasco, según el NTI.
Los principales centros de producción y almacenamiento están situados en los sitios de Safira, cerca de Alepo, Damasco, Hama, Lattaquié y Homs, indica el Centro de Investigaciones del Congreso de Estados Unidos.
Los vectores, a su vez, van desde misiles balísticos tipo SCUD a las bombas aéreas y a los obuses de artillería, según la literatura «abierta».