Los griegos, convocados a las urnas en un momento crítico, decidieron enviarle a Europa, que se tomó estos comicios como un referendo sobre el euro, un mensaje nítido: a pesar de la gran crisis, queremos seguir en la Unión y en la moneda única; pero, cuidado, si no reaccionáis, tenemos listo para gobernar a Syriza, el partido izquierdista que genera pesadillas en el establishment europeo. «Grecia está en el euro. Esto es una victoria para toda Europa», proclamó en inglés, para que lo entendiera todo el mundo, el vencedor de los comicios, Antonis Samarás, líder de Nueva Democracia (la derecha griega) y garante de los acuerdos con Europa y el FMI.
Los mensajes apocalípticos lanzados los últimos días por diferentes dirigentes y banqueros han calado en el electorado, sobre todo en sectores de clase media alta de Atenas y El Pireo, permeables a las advertencias de Europa y el FMI. Esta vez, al contrario que en mayo pasado, han optado por Nueva Democracia, dejando de lado a Alexis Tsipras, líder de Syriza.
De esta manera, los dos partidos que han gobernado el país desde 1974, Nueva Democracia y el Pasok, las formaciones menos críticas con la política de austeridad que ahoga el país, podrían formar un nuevo Gobierno tras lograr 129 y 33 diputados, con el 29,7 % y el 12,3 % de los votos, respectivamente. Syriza se queda en 71 escaños, con el 26,8 % de los sufragios. La mayoría absoluta se sitúa en Grecia en los 151 diputados.
En la Cámara también entraron Griegos Independientes, la formación derechista antimemorando de Panos Kammenos; el partido nazi, Amanecer Dorado; Izquierda Democrática, formación socialdemócrata dirigida por Fotis Kouvelis, y el Partido Comunista.
Ahora comienza el juego político, con el que tanto disfrutan los griegos y sus parlamentarios. El representante de la vieja guardia, Samarás, podría ser fácilmente presidente con el apoyo de Evangelos Venizelos (Pasok). Sin embargo, este decidió no entregarse ayer sin más, sino que propuso un Gobierno «ecuménico», de salvación nacional, en el que entren además de su partido, Syriza e Izquierda Democrática. Con esto, intenta salvar la cara e impedir que continúe su sangría de votos por la izquierda. Samarás no respondió a Venizelos. Tsipras lo descartó, situándose como jefe de la oposición. Kouvelis, de Izquierda Democrática, no descartó la oferta.
Alternativa
Los comicios han confirmado como alternativa a Alexis Tsipras, que hace apenas tres años dirigía una formación minoritaria y que ahora se ha quedado a las puertas de una victoria que hubiera sido histórica y que hubiera causado un terremoto pode consecuencias imprevisibles.
«La única solución para Europa es el fin de la austeridad»
Tsipras debe madurar así su acceso al poder en Grecia. En círculos próximos a Syriza se calificaba este resultado como agridulce, como un éxito y un fracaso a la vez, si eso es posible. Por un lado, el partido obtenía su mejor resultado, pasando de 52 diputados a 71 en menos de un mes, y, por otro, se interpretaba como una oportunidad perdida en un momento decisivo, no por errores propios, sino para el país. La cara del propio Tsipras reflejaba anoche en Atenas esta sensación, amarga y dulce a la vez. En su discurso, se mostró firme en su defensa de un giro en las políticas europeas. «La única solución para Europa es el fin de la austeridad», proclamó. Y aseguró, con contundencia, que seguirá peleando por cambiar el rumbo del país.
El resultado confirma el hundimiento del Pasok, que de fuerza de Gobierno hace tres años, está ahora al borde de la desaparición debido a la firma de los acuerdos con Europa, lo que numerosos griegos de izquierdas se tomaron como una traición. Los griegos lo han situado contra las cuerdas. Su única posibilidad ahora es ser consecuente y dar su apoyo a Samarás.
Las claves del ascenso nazi
Los nazis de Amanecer Dorado han logrado mantener sus apoyos en el 7 %, dando así salida al sentimiento de frustración y violencia que la crisis ha instalado en el corazón de algunos griegos. A pesar de episodios bochornosos, como las bofetadas televisadas de uno de sus portavoces a una dirigente comunista y la difusión de fotos de otro de sus representantes sonriendo frente a un horno en Auschwitz, ha prevalecido la rabia.
También influyen en este voto las actitudes inteligentes de sus dirigentes, que, cada vez que se produce un suceso violento, envían a forzudos a ofrecer sus servicios a las víctimas. Así sucedió con la muerte de un farmacéutico hace pocos días de tres tiros en Atenas y así sucede con muchos ancianos que se hacen acompañar por los jóvenes musculosos cada vez que tienen que sacar dinero del banco.
Por toda Grecia circula además como verdadera esta historia, que explica también, en parte, el voto nazi: un anciano en Tesalónica alquila su piso a un pakistaní. Este, en lugar de usarlo como vivienda, lo utiliza para hacer negocio y lo realquila a decenas de compatriotas, que se hacinan allí. El ciudadano griego llama a la policía para terminar con esta situación. Allí le dicen que nada pueden hacer hasta que un juez no les ordene actuar. No obstante, le recomiendan que contacte con Nuevo Amanecer. Lo hace y el problema queda resuelto.