El embajador de Japón en España desde hace ocho meses, Satoru Satoh, presume de ser un enamorado de nuestro país, donde estudió hace 30 años. Desde entonces, soñó con este destino en su carrera. Ayer llegó a Galicia para presentarse a las autoridades e incrementar las relaciones entre Galicia y Japón.
- ¿Cómo está Japón un año después de la crisis de Fukushima?
- Se está recuperando firmemente. Las zonas afectadas ya están prácticamente restauradas, así como las infraestructuras y las industrias. La central de Fukushima ya está bajo control, a cero grados, y se hacen obras para desmontar y limpiar.
- ¿Ha cambiado a la gente?
- Sí, la gente se dio cuenta de la importancia de los valores humanos y del apoyo mutuo.
- Sorprende esa mentalidad
- Tenemos una tradición de ayuda mutua porque, históricamente, Japón es un país de agricultura, de arroz, y para eso se necesita el trabajo de todo el pueblo. Además, Japón ha experimentado muchos desastres, y la sociedad está preparada para tratar esos casos extremos.
- ¿Son muy distintos a los españoles?
- Aparentemente los japoneses son muy serios, y los españoles, más alegres. En el fondo hay muchas cosas en común, sobre todo con la gente de Galicia y su paisaje.
- El 11 de marzo fatídico era portavoz de Exteriores, ¿sintió que ese seísmo era distinto?
- Las imágenes de televisión eran muy impactantes. Noté que era algo excepcional.
- El entonces primer ministro, Naoto Kan, es ahora un antinuclear confeso...
- Sí, la opinión pública está dividida. Antes Japón tenía 54 reactores, ahora todos están parados. Este verano se prevé falta de suministro en un 10 % o 15 %, por eso el Gobierno está intentando convencer a la gente para reactivar algunos. Y elabora estudios de producción mixta con miras al 2030. Se habla de varias posibilidades: nuclear cero o entre 15 % y 10 %, pero en todos los escenarios se da más importancia a la energía renovable.
- ¿Qué le interesa a Japón de Galicia y viceversa?
- El intercambio económico no es muy fuerte lamentablemente, pero hay muchos vínculos y áreas de gran posibilidad. Uno es el sector agroalimentario y otro el de moda. Zara y Adolfo Domínguez tienen tiendas en Japón y empresas japonesas de textiles podrían colaborar con ellos. En automoción, una compañía japonesa suministra piezas aquí y también hay posibilidades para la producción de coches eléctricos.
- ¿Qué hay del proyecto de Mitsubishi de abrir una planta de baterías de litio en Galicia?
- El otro día hablé con el dirigente de Mitsubishi y me dijo que el proyecto está vivo, pero hay que buscar coyunturas adecuadas para abrir más plantas porque la economía española está en crisis. También el granito nos une, la sede del Gobierno regional de Tokio está hecha con granito gallego.
- La tasa de natalidad en Japón es bajísima y pueden darse jubilaciones en masa. ¿por qué son tan reticentes a la inmigración?
- Tenemos la política de permitir la inmigración, pero no como mano de obra simple sino cualificada. De todos modos hay que hacer algo más, como trabajar más años e invitar a las mujeres a que entren en el mundo laboral. El porcentaje de las que trabajan es muy bajo. No supera el 30 %. El Gobierno aplica políticas para hacer más guarderías y dar más vacaciones a las que tienen niños.