François Hollande empieza a chocar contra el muro de Berlín

Merkel se opone a tratar la creación de eurobonos en la cumbre de hoy

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Lo que en principio iba a ser una cena informal de trabajo, bautizada en la jerga de Bruselas como «consejo informal» centrado en el crecimiento y el empleo, podría derivar en un enfrentamiento entre una facción pro eurobonos y otro grupo contrario a la idea de financiar el crecimiento con deuda. El aterrizaje del nuevo presidente francés, François Hollande, en la pista europea no podía ser, en ese sentido, más accidentado. Merkel reiteró ayer que el debate de los eurobonos no entra oficialmente en la agenda de la reunión. Además, la ministra austríaca de Finanzas, Maria Fekter, mandó un recado a París: «¿Crecimiento financiado con deuda? Eso son recetas pasadas», comentó.

Fekter, aliada tradicional de Berlín junto a Holanda y Finlandia en el acorazado de la austeridad, fue incluso más allá, al calificar abiertamente el proyecto abanderado por Hollande de «tontería». La Comisión Europea, en un incómodo centro del terreno de juego, transmitía un mensaje diplomático y conciliador. Los eurobonos no son la «solución inmediata» a la crisis, comentó Olivier Bailly, portavoz de Bruselas. «Seguimos pensando que las euro-obligaciones son un elemento importante para asegurar la estabilidad financiera de la eurozona», matizaba después.

Mientras tanto, el comisario de Asuntos Económicos, Olli Rehn, reitera siempre que tiene ocasión que la idea de los eurobonos debe ser complementaria, pero no sustitutiva, de unas finanzas públicas saneadas en pos de un déficit público por debajo del 3 % del PIB y de una deuda por debajo del 60 %.

Para los expertos, la creación de eurobonos, o títulos de deuda respaldados por los 17 socios, traerían muchas ventajas: desaparecerían las emisiones de deuda de cada socio individualmente, con lo cual los miembros del bloque ya no tendrían que realizar subastas de letras a tres meses o, por ejemplo, de bonos a cinco años. No obstante, para lograr que el proyecto fructifique, la economía de la UE debería estar mucho más integrada, con políticas monetarias y fiscales unidas. Esa es otra de las manzanas de la discordia, pues supondría ceder soberanía fiscal a Bruselas, extremo que muchos socios rechazan pese a que cada vez más la economía de la UE esté coordinada desde allí.

Para el convocante de esta cumbre informal, en la que no se tomarán decisiones aunque sí se fijarán posturas, el presidente del Consejo Europeo, Van Rompuy, no será tampoco una cita fácil. Pretende fomentar el debate sobre cómo superar la crisis que golpea a la UE, pero se ha encontrado con un terreno de batalla abierto entre los dos grandes: Alemania y Francia.

Aunque el mensaje oficial de Berlín sea que los eurobonos no son el tema de la cumbre, entre bambalinas de Bruselas la lectura es inversa: sí lo serán, y quizá uno de los grandes asuntos junto a la búsqueda de la fórmula que combine austeridad y crecimiento para escapar de una crisis que parece mutar cada semana y hacer surgir nuevos problemas.

Otros temas sobre la mesa de esta cena de trabajo serán la hipótesis de crear una tasa Tobin europea aplicable a las transacciones financieras o un aumento del capital del Banco Europeo de Inversiones (BEI), así como los denominados bonos para proyectos sustentables a cargo del presupuesto de la UE para financiar infraestructuras e inversiones ecológicas en energías renovables.

El presidente francés y la canciller germana, en la reciente cumbre de la OTAN en Chicago. SAUL LOEB afp