El presidente de la Comisión Europea es un especialista en nadar y guardar la ropa. Durante años, José Manuel Durão Barroso se alineó con el eje francoalemán, dirigido por Angela Merkel y escenificado por Nicolas Sarkozy, pero supo ver el tirón de François Hollande y hace semanas que ha cambiado el tono de sus discursos. Ayer, en una comparecencia en el Parlamento Europeo, demostró que su giro es meramente retórico y que sus tesis son más cercanas a lo que queda del eje conocido como Merkozy. Según él, toda iniciativa en pro del crecimiento debe fundamentarse en políticas de austeridad, algo que para algunos Gobiernos y numerosos analistas es una paradoja. «La crisis ha dejado muy claro que más disciplina y convergencia son un requisito previo para lograr un crecimiento duradero y sostenido», dice. Aunque el Ejecutivo comunitario apuesta por «responsabilidad y solidaridad», los países con problemas no pueden asumir lo último «como un derecho, sino emprender un esfuerzo de reforma».
Barroso se alineó además sin tapujos con Merkel, que ha reiterado su negativa a renegociar el tratado de disciplina presupuestaria, firmado por 25 países y que el nuevo líder francés aspira a renegociar. «Lo que se firma es bueno que se cumpla», recuerda un funcionario de su equipo, recordando que los compromisos europeos de los países no pueden «meterse en la nevera cada vez que hay elecciones en un Estado miembro».
Por otra parte, Barroso advirtió a Grecia de que no hay alternativa al plan de ajuste impuesto por la Unión Europea, a pesar de que los dos partidos que lo defendían, el socialista y el conservador, se han quedado a dos escaños de la mayoría para desarrollarlo. «Grecia tiene que respetar este acuerdo al igual que el resto de Estados miembros. Es una cuestión de credibilidad», aseguró. «La alternativa es mucho peor para los ciudadanos griegos, especialmente para los más vulnerables», advirtió.
En Grecia, donde los partidos de izquierda ya piden abiertamente nuevas elecciones, el resto de partidos (desde extrema derecha a izquierda) rechazan los dolorosos ajustes impuestos por la UE y el FMI. Además de la oposición al rumbo de la economía, su victoria ha supuesto la irrupción en el Parlamento de partidos políticos hasta ahora relegados fuera de los circuitos de poder helenos, dominados durante décadas por un puñado de influyentes familias.
No hay plan B
El posicionamiento de Barroso con Alemania tuvo lugar en un foro en Bruselas antes de que tomara la palabra el ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, favorito para convertirse en nuevo presidente del Eurogrupo. Preguntado por si las consecuencias que sugirió Barroso pasan por la expulsión del euro, Schäuble afirmó que no hay otra alternativa. «La decisión depende de Grecia, pero no vamos a debatir un plan B», advirtió. Esta semana, Barroso aseguró estar deseando reunirse con Hollande, a quien tendrá que trasladar su oposición a varias de sus propuestas estrella.