Mohamed Merah no es el típico terrorista. A pesar de que proclama su pertenencia a Al Qaida, los criminólogos creen que se trata de un lobo solitario. Todo el mundo, incluidos los servicios de inteligencia, sabían de sus simpatías por el integrismo islamista, pero nadie le creía capaz de pasar al acto.
«Un hombre amable con cara de ángel y de lenguaje educado», dice Christian Etelin, su abogado durante los últimos 8 años cree que se trata de un caso de doble personalidad. La última vez que lo vio fue en febrero cuando Merah fue juzgado por conducir sin permiso. Lo encontró «cambiado, más maduro» y en ningún caso le dio la impresión de que «estuviera a punto de convertirse en un fanático». El asesino de la moto pasó dos veces brevemente por la cárcel, siempre por delitos menores, en el 2007 y el 2009. Entremedias, intentó sin éxito entrar en el ejército de tierra y dos años después volvió a probar suerte en la legión. En el 2010 fue detenido en Kandahar (Afganistán) en un control de identidad.
Más que la escuela, lo formó la calle. Llegó a las viviendas sociales del Miral en los suburbios de Toulouse con su madre y sus cuatro hermanos cuando su padre se divorció y se borró de sus vidas. Los vecinos hablan de una familia unida donde la madre carecía de autoridad sobre sus hijos.
Mohamed Merah, 24 años, francés de origen argelino, nunca se relacionó demasiado con los chicos de su edad. «Un día era el perfecto musulmán y al siguiente se dejaba una cresta roja en la cabeza», afirma un chico que hace 10 días coincidió con él en una discoteca.
La periodista de France 24 que recibió su llamada de reivindicación de los atentados dos horas antes de que lo rodeara la policía no creyó en principio que fuera el asesino hasta que reveló detalles que solo conocían él y los agentes.
En sus conversaciones con las fuerzas de seguridad, dejó claro que no tiene «el alma de un suicida, de un mártir». Su intención, matar pero seguir con vida.
Conocidos suyos dicen que le gusta el fútbol, las motos, los coches, las chicas y la discoteca, «Es un producto de Francia, no del islam», aseguró uno.