Imagen:Marie Harel

Marie Harel, sin ella el queso Camembert nunca habría existido

Cuando esta granjera viuda acogió a un cura que huía de las guillotinas de la Revolución francesa se fraguó una historia de amor imposible y lo que es mejor uno de los quesos con más sabor y más reconocidos intenacionalmente


La Voz

Camembert es un pequeño y tranquilo pueblo de Normandía al que un día llegó un sacerdote huyendo de las guillotinas de la Revolución Francesa. Encontró refugio en el domicilio de la granjera Marie Harel. Según cuenta la leyenda, no tardaron mucho en enamorarse. Ambos atravesaban situaciones complicadas. Ella había perdido a su pareja unos meses antes. Se encontraba triste y sola. Él, de nombre Claude Blaise, era perseguido. La pirámide estamental, en la que ocupaba una posición privilegiada, acababa de derrumbarse casi de un día para otro y necesitaba un hogar en el que refugiarse. En este contexto surgió una historia de amor intensa, breve y, a ojos de la Iglesia, ilégítima. Y también nació el queso Camembert.

 Cuenta la leyenda que Marie Harel introdujo en sus quesos una técnica empleada tradicionalmente en el queso Brie, producto en el que este sacerdote era todo un erudito. Y triunfó. Marie Harel acudió con su nuevo producto al mercado regional, en donde conquistó a los expertos y comerciantes, que destacaron la cremosidad y el sabor de su nuevo queso. Pronto empezó a expandirse.

En su popularización jugó un papel crucial la hija de Marie Harel. Durante una visita de Napoleón III a la zona, esta le entregó una porción de Camembert. Al emperador le encató, e inmediatamente ordenó que enviaran con regularidad remesas de este queso al palacio de las Tullerías, en la orilla norte del Sena. Por supuesto, supuso todo un bombazo para la producción de este producto, que a los pocos años se internacionalizó. Cruzó todas las fronteras de Europa y el Atlántico. Dos siglos después, continúa en los refrigeradores de todos los supermercados. 

Una buena anécdota que gira en torno a este producto tiene a su protagonista al otro lado del océano. Así se recoge en La Voz de Galicia del 17 de octubre de 1956. 

«Nadie de Vimoutlers dejó constancia de otra relación entre el queso y Marie Harel. Existía, eso sí, una leyenda local sobre que algún pariente de Marie había sido recibida por Napoleón III. Pero un día, un neoyorquino que decía llamarse doctor Josópn Knirim, apareció en Vimoutlers decidido a honrar a Marie Harel, 'la descubridora del queso Camembert'. Sufría de indigestión durante meses -explicó el doctor Knlrtm- y el Camembert era el único alimento que toleraba mi estómago. A través de los mares he traído este ramo de flores para honrar a nuestra común benefactora. 

Satisfecho de cualquier honor que alcanzara a la ciudad, el alcalde de Vimoutlers organizó inmediatamente la búsqueda de la tumba de Marie Harel. No se consiguió con exactitud, pero se utilizó otra sepultura, que servía muy bien al objeto buscado, y en ella depositó sus flores el doctor. Después hubo un fraternal banquete, en el que el doctor Knirim propuso erigir una estatua a Marie Harel, y para encabezar la suscripción entregó un billete de 20 dólares.

Al día siguiente, el buen doctor marchó de Vimoutlers y no volvió por allí ni supieron mas de él; pero la idea que inició se convirtió en realidad; y, dos años después, Millerand, presidente da la República, descubrió la estatua de Marie Harel o de alguien que podía ser Marie Harel. El monumento era muy visitado por tos turistas, y muchos campesinos depositaron flores a sus pies, pidiendo inspiración para dar el punto justo al afamado queso. Más tarde, durante la Segunda Guerra Mundial, y por error, una escuadrilla de bombarderos norteamericanos destrozó la estatua y gran parte del pueblo.

Marie Harel está considerada la madre del Camembert

El dinero americano ayudó a reconstruir las casas al final de la guerra, pero nadie se preocupó de Marie Harel. Hasta que en 1950, Will Foster, director de una industria lechera americana, empezó a ensalzar a la inventora entre los obreros de Van Vert (Ohlo), donde se produce la mayor parte del queso Camembert elaborado en Estados Unidos. En menos de un mes los obreros reunieron más de dos mil dólares para honrar a 'la fallecida colega francesa'. Y gracias a su generosidad, por segunda vez se ha descubierto una estatua en Vimoutlers a la gloria de la mujer que descubrió el queso Camembert.

'Marie Harel ha sido una benefactora da ía Humanidad', clamó el alcalde, que ya había participado en el descubrimiento de la primera estatua. Will Foster, que pagó el banquete celebrado después de laceremonia, confesó que aquel 'era el día más feliz de su vi-da'. Pero un incrédulo granjero local se limitó a murmurar: '¡Huml Creo que Marie Harel no ha existido nunca'».   

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