Célticos do Sudeste, el celtismo que se unió en los campos de Segunda

La peña de la Comunidad Valenciana está formada por aficionados de perfiles variopintos que tienen en común que en su entorno les dicen que están «tocados del ala»


Vigo

Los hay gallegos emigrados, alicantinos de pura cepa e incluso un uruguayo. Solo son 15 celtistas, pero seguramente valen por algunos más. Son los integrantes de la peña Célticos do Sudeste, con sede en Alicante, pero miembros desperdigados por diferentes puntos de la geografía de la Comunidad Valenciana. «Nos dicen que estamos tocados del ala, pero no cambiamos el Celta por ningún otro equipo», comenta David García, presidente desde su fundación hace cuatro años, y uno de los principales inductores del proyecto.

Presumen de haber nacido en Segunda. Precisamente el hecho de que el Celta tuviera que visitar varios estadios de su autonomía durante esos años fue lo que hizo que buena parte de los hoy peñistas fueran coincidiendo cada vez más veces, conociéndose y convenciéndose de que aunque el resto del mundo lo viera como una locura, formar una agrupación celeste en su tierra podía tener sentido y ellos iban a hacer que así fuera. «Empezamos a vernos que si en el partido contra el Alcoyano, contra el Cartagena... Y decidimos tomar la determinación de tirar hacia adelante. Como por mí trabajo me era más fácil encargarme del tema del papeleo, me tocó», recuerda David.

Él tiene uno de los perfiles más llamativos. Alicantino de nacimiento y sin ningún vínculo familiar con Galicia, su primera conexión fue Horacio Moyano, futbolista que pasó por Hércules y Celta en los años 80. «Era tío de mi mejor amigo, así que lo tenía cerca y tenía su pantalón, su camiseta...», recuerda. Él fue así el primer responsable, pero como suele pasar en estos casos, al final quedó en un segundo plano. «Me tragué al equipo en Segunda y en Europa, en los buenos momentos y en los malos. Tengo el escudo tatuado en mi cuerpo», revela con orgullo.

García ha logrado que su familia y amigos se interesen por el Celta aunque solo sea porque saben lo mucho que significa para él. Tanto David como el resto de sus compañeros célticos do sudeste se han acostumbrado a ser los raros, una rareza de la que disfrutan al máximo. Casi siempre en la distancia. «Solo he estado en Balaídos una vez, el 1 de octubre del 2003 para el debut en Champions frente al Milan. Por mis circunstancias, por H o por B, no he podido volver desde entonces, pero tengo en mente regresar este año».

El hecho de estar en Primera les ha supuesto menos visitas del equipo a su comunidad, especialmente este curso en el que el Levante milita en la categoría de plata. «Solo nos queda Valencia, y habrá que ir, pero no nos trae muy buenos recuerdos», admite. En sus visitas suelen coincidir con la Peña Alcoyana y la sección valenciana de Blau Cel, que por la cercanía son aquella con las que tienen una relación más fluida. «Estamos lejos y la distancia se nota, pero para nosotros ser del Celta es una suerte».

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