Montando lío celtista entre Ramallosa y Canido

En su poco más de un año de vida, la peña ya ha tenido tiempo de ganar el torneo de la Federación y de hacerse un hueco en la familia peñista


Vigo

La pasión por el Celta la tenían por descontado, las ganas de dar un paso más en ese sentido, también, e incluso contaban de antemano con un nombre diferenciador. La unión de estos factores propició hace poco más de un año -la celebración aún está pendiente- la creación de la peña Ramallosa-Canido, cuyos miembros tienen en común que hacen su vida en parte a medio camino entre estas dos zonas. Lo venían hablando desde hace tiempo, y cuando hubo unos cuantos dispuestos a encargarse del papeleo, por fin pudieron pasar a la acción.

«Realmente somos un grupo de amigos celtistas que nos arrancamos con esto no por el interés práctico de las entradas y demás, sino porque el paso siguiente a ser socio del equipo es ser peñista, oficializarlo de algún modo», explica su presidente, Rafael Barreras. No dudaban de que tirando de amigos y familiares tenían un importante respaldo asegurado. Y así fue. «Sabíamos que había gente que podía estar interesada y nos apetecía montar un poco de lío», añade divertido. En los tres primeros meses andaban por los 60 y ahora están en 110, superada una de sus grandes metas: el centenar de celtistas.

Ese «lío» que querían montar se traduce en juntarse y realizar diferentes actividades, siempre con el equipo como nexo. «Sumamos a familiares, novios, novias... El grueso está entre los 25 y los 40 años, pero también hay gente joven, entre diez y once años, y mayores de 50 que suelen ser padres y amigos de ellos», enumera Barreras, que también destaca la importante presencia de mujeres, «sobre un 35 %». La inauguración la recuerdan como un día muy especial y un espaldarazo al proyecto gracias a la presencia de Krohn-Dehli y Madinda. «Fue el acto más representativo y la excusa con la que se animó todavía más gente a incorporarse».

Casi ninguno de los integrantes tenía pasado en otras peñas, por lo que están descubriendo algo nuevo. «Es un gusto pertenecer a una peña, a un grupo donde a todos les gusta el Celta, ya sean forofos, socios o aficionados simplemente», apunta. Y entre lo que más han disfrutado en este tiempo está su participación en el torneo de peñas, en cuya edición del 2015 fueron semifinalistas, llevándose la victoria final en la entrega de este 2016. «Es una manera de mantener a la gente activa, darle a entender que la peña se mueve, que hace cosas. El objetivo va a ser revalidar el título el año que viene», comenta entre risas.

El torneo les ha servido también para establecer vínculos con otras peñas celtistas y sentirse cada vez más integrados en la familia peñista. «Allí conoces a mucha gente, por ejemplo de Arbo y Celtas do Verdugo, con los que coincidimos en varias eliminatorias. Los días de partido también solemos coincidir mucho con Lío en Río, con los que nos entendemos muy bien, y también con otros como Celtílikos». También los desplazamientos les han servido en ese sentido. «Hubo un buen grupo de gente que aprovechó las facilidades que da la Federación en ese sentido». Madrid, Bilbao, Gijón o A Coruña han sido algunos de sus destinos.

Con dos lugares de origen diferente, debían necesariamente contar con dos sedes. Se trata de los dos locales del bar Pénjamo, uno en Patos y el otro en Vigo. «Allí es donde vamos a ver los partidos, donde los socios tienen precios especiales y también donde organizamos la inauguración. Es nuestro centro de operaciones, donde haremos también no exactamente un aniversario, pero sí una fiesta en agradecimiento a los socios», avanza. Sus objetivos inmediatos: «Seguir haciendo actividades, implicar cada vez más a la gente, aumentar los socios, volver a ganar el torneo...». Porque este primer año «ha merecido mucho la pena» y esperan que Ramallosa-Canido no haya hecho más que empezar.

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