Gudelj-Vigo, una peña nacida de la gratitud

La generosidad del excéltico con un niño enfermo propició la creación de un colectivo celtista con su nombre en 1997


Vigo

Corría el año 1997 cuando el hermano de la presidenta de la peña Vlado Gudelj, Carmen Iglesias, siendo un niño, luchaba contra un cáncer. De familia celtista, su ídolo era el de la mayoría de aficionados en aquella época, que no era otro que el bosnio. «Lo operaron en Madrid y estuvo allí ingresado. En un partido que fueron a jugar, lo visitaron él, Moncho Carnero y Mariano», recuerda Carmen. A raíz de eso, y de los momentos que compartieron en una visita del chaval, ya de vuelta en Vigo, a un entrenamiento, el chico se empeñó en agradecerle la manera en que se había volcado con él a través de al creación de la peña que desde entonces lleva su nombre.

«Como él era menor de edad, no podía ser el presidente. Así que empezamos a juntarnos familias, amigos y conocidos, unos 30 o 40 que fuimos los fundadores», señala Carmen. Echaron a andar en marzo de 1997, pero entre que pusieron en regla los papeles y se oficializaron como colectivo celtista se plantaron en mayo. «Hicimos la cena de inauguración y al poco tiempo fue aquel partido contra el Madrid que se ganó 4-0 y en el que se consiguió la salvación con un hat-trick de Vlado». Uno de los primeros en la lista de recuerdos imborrables de todos estos años.

Actualmente rondan los 160 integrantes y se han convertido en un colectivo perfectamente asentado cuyos miembros ya tienen en Gudelj a uno más de la familia. «Se ha portado siempre muy bien con nosotros y después de tanto tiempo tenemos un trato muy cercano», comenta. Hasta tal punto, que no tuvieron inconveniente en hacerse del Compostela en la temporada en que él militó allí. «Fuimos a verle a unos cuantos partidos y continuamos la relación con él cuando no estaba vinculado al Celta».

Pero verle de nuevo como parte del club desde hace cinco años ha sido para ellos la mejor de las noticias. «Mejor imposible tenerle ahí. Es un apoyo para nosotros como peña celtista y también una motivación para seguir adelante. Aunque en este tiempo nunca se nos pasó por la cabeza dejarlo», dice la presidenta. Le consta que a él también le hace ilusión tener no solo una, sino dos agrupaciones celtistas con su nombre. «Nosotros somos Gudelj Vigo porque ya existía su peña de A Rúa. Nos conocemos y tenemos muy buena relación con ellos», asegura negando la posibilidad de cualquier pique entre ambas. El signo distintivo de la viguesa es Dunkar, su mascota, un homenaje al perro samoyedo que tenía Gudelj cuando le conocieron.

Ubicados en su mayoría en Río, tienen miembros en todas las gradas de Balaídos. También en cuanto a edades hay mucha variedad. «La más pequeña ahora es una niña de cinco meses y el mayor andará por los 87. Estamos volviendo a tener mucha chavalada de 14 y 15 años», celebra. Eso coincide con el boom de las peñas, que también les afecta. «Cuando el equipo va bien, pasa siempre. Nosotros hemos tenido nuestros baches, pero las bajadas siempre han sido pequeñas. Ahora se acercan más aficionados que quieren hacerse socios, pero siempre hemos sido muy estables».

Acostumbrados a viajar con la Federación de Peñas, una de las cosas que se les han quedado por el camino son los desplazamientos organizados por ellos mismos. «Hubo una época en que íbamos a Valladolid, por ser de los más cercanos. Pero seguimos viajando mucho para apoyar al Celta, también con otras peñas». Rikitrí o Sempre co Celta son aquellas con las que les unen vínculos más estrechos. «Ahora tenemos unos cuantos socios estudiando en Madrid, así que también estamos representados en los partidos que se juegan allí».

Carmen cree que en su caso el secreto de estar a las puertas de la veintena -acontecimiento que quieren celebrar por todo lo alto como hicieron con sus primeros diez años- es el propio Gudelj. «Aparte de seguir vinculado al club, nunca ha dejado de ser un icono del celtismo, aún hoy va por la calle y se le acerca la gente. A pesar de que no juegue, tenerle a él y contar con su apoyo hace que sea muy fácil continuar». Porque la gratitud que fue el germen de la peña sigue estando muy presente en sus miembros: «Se lo merece todo».

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