«El Celta marcó mi vida, solo me queda la espina de no haberme retirado allí»

El exjugador céltico asegura que sigue el día a día del equipo de su vida como cualquier aficionado de a pie y repasa sus años celestes

Pichi Lucas, durante su etapa como técnico del filial celeste
Pichi Lucas, durante su etapa como técnico del filial celeste

Vigo / La Voz

Si se le pregunta al celtismo quién es Argimiro Pérez García, probablemente no sean muchos los aficionados que caigan en la cuenta. La cosa es diferente si se habla de Pichi Lucas -Pichi de «pichichi», Lucas por su padre- jugador mítico de los años 80 que más tarde entrenó al filial celeste y que hoy se define como un aficionado más. De cada palabra suya se desprende el cariño hacia el que siente como su club y cuyos pasos sigue de cerca.

-Se incorpora al primer equipo del Celta después de cumplir con el servicio militar. ¿Cómo fue eso?

-Cuando vine del Pabellón Ourense y del Ribadavia Atlético jugué en el Gran Peña, que entonces era el filial, y ya hice alguna pretemporada con el primer equipo. Pero en la temporada 80/81 me fui a hacer la mili Córdoba y estuve cedido temporada y media allí. Al acabar la primera vuelta de la segunda temporada me vine, con el Celta en Segunda B y los dos subieron, así que prácticamente ascendí con los dos equipos.

«La cesión en Córdoba me abrió las puertas del primer equipo»

-¿Cómo recuerda aquellos inicios con apenas veinte años?

-En aquel momento había muy poca gente joven, eran todos profesionales con experiencia, una plantilla prácticamente hecha. Eso hace que los inicios, siempre difíciles, lo fueran aún más. Creo que de no haberme ido cedido al Córdoba hubiera tenido muy complicado no solo jugar en el Celta, sino en cualquier equipo de Primera. En el fútbol español prevalecían los veteranos y jugar a esa edad era una utopía. El Córdoba me abrió las puertas del Real Club Celta.

Lucas destaca que en el Celta se formó como profesional y como persona
Lucas destaca que en el Celta se formó como profesional y como persona

-De Segunda B pasaron a Primera en dos temporadas, pero les costaba encontrar la estabilidad.

-Y tanto, ¡nos llamaban el equipo ascensor! Ascendíamos, descendíamos, vivimos situaciones realmente complicadas con dos o tres descensos después de las alegrías de los ascensos, que serían tres o cuatro. Se pasaba realmente mal, pero eran vicisitudes que había que superar. Pese a ello, recuerdo mi etapa en el Celta con muchísimo cariño, porque cuando estás en club desde los 17 a los 30 o 31 años eso te marca no solo a nivel profesional, sino que te forma como persona. Y es algo que no voy a olvidar nunca.

-Al margen del conjunto, ¿qué momentos le han quedado especialmente grabados?

-Aquellos ascensos consecutivos a Segunda y a Primera fueron muy especiales, con Pavic en el banquillo, con una plantilla joven y además siendo yo pichichi aquel año en Segunda.

-¿Qué le supuso aquel logro?

-Con 19 o 20 años te significaba estar en primera línea y eso te hace madurar más rápido y experimentar sensaciones diferentes. Fue una etapa feliz y creo que aquella temporada, practicando buen fútbol y con la cantidad de goles que marcamos, todavía está en la retina de muchos aficionados que no la han olvidado.

-Con esa carta de presentación de el máximo goleador de la categoría de plata le surgirían ofertas.

-Muchas. Cuando consigues tantos goles, y además el equipo asciende a Primera, se te abran mil puertas e infinidad de oportunidades en España y también fuera. Pero no me marché y nunca me he arrepentido. Me tiró el calor que me daba la gente, lo bien que estaba aquí. Sí me hubiera gustado retirarme en el Celta, aunque luego estuve seis años más entre Ourense y Compostela, me quedó la espina porque fue el equipo que marcó mi juventud y mi vida, dándome la posibilidad de vivir una situación que en aquel momento era impensable. Solo tengo palabras de agradecimiento.

Compartió vestuario con un grupo que perteneció al club durante una larga etapa
Compartió vestuario con un grupo que perteneció al club durante una larga etapa

-Entre todos sus goles, ¿con cuál o cuáles se quedaría?

-En trece años fue una cantidad considerable, porque además jugaba casi siempre, y para mí todos eran importantes. Hice goles bonitos y la gente recuerda unos más que otros, sobre todo los que le hice al Deportivo, quizás. Yo me quedo con los conseguidos en partidos difíciles, que estaban igualados y en los que esos goles sirvieron para desequilibrar la balanza. En esos casos los recuerdas con más cariño.

«El de Sestao fue un ascenso soñado en el que la gente se implicó al 100 %»

-Mencionaba los derbis. ¿Se vivían de modo diferente entonces?

-No lo creo. Ahora los medios son más y están más pendientes, pero por lo demás se vive de manera similar, con las aficiones muy involucradas y sabiendo todos que no es un partido más. En aquella época estábamos acostumbrados a vivirlos en Segunda, jugamos muchos y siempre éramos rivales directos y fuertes el uno para el otro.

Llegó a ser pichichi de la categoría de plata del fútbol español
Llegó a ser pichichi de la categoría de plata del fútbol español

-Otro de los momentos históricos que vivió desde dentro fue el ascenso de Sestao. ¿Qué supuso?

-Fue increíble, algo que también creo que permanece en la retina de todos. Habíamos bajado la temporada anterior y lo recuerdo como algo realmente complicado a lo que se sumó la amenaza de bomba y que el Deportivo quiso hacer una jugaba un poco tramposa. Pero la gente se involucró al 100 % y fue un ascenso soñado, uno de los momentos más bonitos que puede vivir un futbolista y una ciudad que lo disfrutó muchísimo en aquel momento.

-En la parte negativa estarán las lesiones.

-Sí, sin duda. Y las tuve de todo tipo: fractura maxilar, las dos rodillas, Aquiles, rotura de nariz, de brazo, la clavícula, arco cigomático... Debí de pasar por el quirófano unas ocho o nueve veces, así que podría escribir un libro de lesiones y operaciones, aunque quien realmente podría es Genaro Borrás, que desgraciadamente ya no está con nosotros, me veía aparecer por la clínica y decía: 'A ver qué es esta vez'. Lo tenía loco. Es de lo más ingrato del fútbol no poder participar, estar pendiente de una evolución, de que pasen los días para volver... Por suerte tenía facilidad para recuperarme rápido.

Entre sus goles destaca aquellos que sirvieron para decantar partidos igualados
Entre sus goles destaca aquellos que sirvieron para decantar partidos igualados

«A Borrás le traía loco con las lesiones. Por suerte tenía facilidad para recuperarme»

-¿Qué imagen cree que guarda de usted el celtismo?

-Pues no lo sé, imagino que el de una persona que lo daba todo, ya fuera en casa o fuera, el grado de competitividad nunca estaba en entredicho. Lo daba todo los 90 minutos, pero como creo que cualquier profesional que se involucre al máximo como debe para defender a muerte sus colores sea en la categoría que sea. Yo creo que es el mejor recuerdo que se puede tener de un futbolista, al margen de sus condiciones y de que las sepa aprovechar lo mejor posible.

-Y a nivel grupal, ¿qué huella dejó aquella generación?

-Creo que era una época en la que todo el mundo estaba muy involucrado y en la que se dio algo que hoy ya es casi imposible que se dé en el fútbol y es que hubo una generación, con gente como Maté, Alvelo, Atilano o Vicente, que estuvimos juntos conviviendo en el Celta durante diez años. Que un grupo de compañeros esté tanto tiempo junto habla de la idiosincrasia del club y de cómo funcionaba en aquellos momentos. Luego es diferente, han pasado otras cosas, el equipo fue a Europa... Pero tanto lo anterior como lo que vivimos ahora no dejan de ser parte de la historia de nuestro club.

«Desde fuera viví el EuroCelta con orgullo. A nosotros nos llamaban el equipo ascensor»

-Ya desde fuera, ¿cómo vivió el período del EuroCelta?

-¡Con envidia! Nosotros no éramos capaces ya no de ir a Europa, sino de mantener la categoría y que de repente el club en el que has vivido tanto cuenta con futbolistas de nivel y empiece a crecer, compita en Europa y lo bien que lo hizo fue un plus extra. Una lástima no volver a conseguirlo luego, pero estamos en el camino y ojalá, porque son ilusiones que perduran para siempre.

-Tuvo un buen puñado de entrenadores, ¿hubo alguno que le marcara en especial?

-De todos has aprendido algo y te han dejado una señal. Desde mis comienzos en el primer equipo con Maguregui a luego Pedrito, que me dio una gran oportunidad. Después Pepe Villar, pasando por Addison, con el que vivimos una temporada extraordinaria. Y también Novoa, García Traid, Carriega, Félix Carnero, Pavic que me hizo jugar en Primera... Todos han sido importantes.

Lucas (derecha), del dúo Andy y Lucas, se llama así por Pichi, al que entrenó en el Cetla su padre, Pedrito
Lucas (derecha), del dúo Andy y Lucas, se llama así por Pichi, al que entrenó en el Cetla su padre, Pedrito

-Sin embargo hubo uno, Pedrito, que llegó incluso a ponerle su nombre a su hijo -es Lucas, del dúo Andy y Lucas-.

-Fue la persona que más me ayudó en sus comienzos, fui una apuesta personal suya y la relación, más que de futbolista-entrenador era casi de padre-hijo, algo impresionante. Luego cuando nació su niño me comentó que quería ponerle mi nombre como reconocimiento y que fuera el padrino; yo encantado, aunque me lesioné y no pude ir al bautizo.

«Lucas, de Andy y Lucas, me hizo famoso ya de retirado; siempre contaba que llevaba ese nombre por un jugador del Celta»

-Y años más tarde aquel niño se hace famoso.

-¡Y me hizo más famoso a mí! Es una anécdota curiosa, porque ya retirado del fútbol, él solía contar siempre que le preguntaban que su padre le había puesto Lucas por mí, así que quedó en el recuerdo que lleva ese nombre por un jugador del Celta.

-A día de hoy, ¿cómo vive Pichi Lucas el celtismo?

-Como un aficionado más, pendiente toda la semana de las altas, las bajas, el rival con el que nos enfrentamos, las posibilidades de ir a Europa... Al final quienes hemos estado en el fútbol lo vivimos igual que la gente de a pie, con la misma ilusión y ganas. Ahora mismo, con el deseo de ir a Europa, que creo que se va a conseguir.

«Asociar buen juego y resultados no es fácil y el Celta de Berizzo lo ha logrado con creces»

-¿Cómo ha visto a este Celta de Berizzo?

-Creo que tanto el cuerpo técnico como la plantilla han hecho un gran trabajo durante toda la temporada que se ha visto en un gran fútbol. Es importante porque asociar buen juego y resultados no es nada fácil y el equipo lo ha logrado con creces. Por eso se merece estar la próxima temporada en Europa .

-Usted dirigió al filial, ¿qué valoración hace de esa etapa?

-Buena. Me hubiera gustado seguir, pero no pudo ser por decisión del club y fue una experiencia enriquecedora de año y medio en el que estuvimos a punto de bajar y volvimos a ascender. Este año parecía que no, pero al final creo que van a mantener la categoría y es muy bueno para el club, porque el primer equipo siempre se ha surtido del filial.

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