Imagen:Rivera, en Balaídos con sus nietas gemelas, Blanca y Ana, de las que dice que «salieron unas celtistas y unas futboleras de espanto»

Cesáreo Rivera, el céltico que primero fue celtista

Hace medio siglo dejó la élite por Segunda para cumplir su sueño de niño: jugar en el Celta; después presidió durante 30 años la peña de O Carballiño


Vigo

«A mí todo lo que sea respirar celtismo me hace feliz». Lo reitera Cesáreo Rivera a sus 75 años, pero es algo que lleva manteniendo desde que tiene uso de razón. Criado en O Carballiño, «pueblo de gran tradición celtista», presume de que él también fue aficionado antes que futbolista, acostumbrado a visitar Balaídos con su padre y sus tíos desde edades muy tempranas. Por eso convertido ya en jugador priorizó el emular a sus ídolos de niñez -«Atienza, Sobrado, Santiago Vázquez, Makerle, Olmedo, Juan Vázquez, Torres, Mauro, Gutiérrez, Pahiño...», enumera incapaz de quedarse con uno- y en 1965 dejó el Sevilla, en Primera, por un Celta que llevaba diez años en la categoría de plata. «Para mí era cumplir un sueño. Tuve que presionar porque no me querían dejar salir y era una apuesta arriesgada, pero ni me lo pensé ni me arrepentí», recuerda.

Imagen:Fue celeste entre 1965 y 1972 tras su paso por Ourense y Sevilla

Imagen:Nació en O Carballiño el 9 de marzo de 1940

Fue el principio de siete años en el club (1965-1972) que le dejaron «una huella imborrable». «Miro atrás con nostalgia, porque disfruté mucho en todos los equipos en los que estuve, pero el Celta era especial. Vine con todo el cariño y salió bien», resume. Y eso que el ascenso que a él tanto le obsesionaba se hizo de rogar. Con eso está relacionado su mejor recuerdo, pero también el más amargo. «El primer año jugamos la promoción contra el Sabadell. Costas y yo, que habíamos estado lesionados, reaparecimos forzando un poco y perdimos la eliminatoria pese a la enorme ilusión que teníamos por lograrlo».

En el año 1969 llegó por fin su vivencia más dulce vestido de celeste. «Insistimos y luchamos. Éramos un bloque que no es que tuviéramos muchas figuras, pero la unión era total y hacen más once amigos bien avenidos que muchas figuras cada uno por su lado», reflexiona. Así consiguieron el ascenso. «Vigo tenía una afición de solera que merecía estar en Primera y lograrlo fue una ilusión tremenda», dice. Otros grandes recuerdos van ligados a algunos de sus goles más decisivos. «Hubo un partido en Riazor en el que bajaba quien perdiera. Tuve la suerte de marcar el gol de la victoria de falta y fue una satisfacción doble». Eliminar al Elche en una Copa en la que luego les esperaba el Real Madrid también fue algo irrepetible. «Habíamos perdido 3-0 allí y remontamos marcando yo. Luego con el Madrid era difícil, porque siempre salían favorecidos...».

Imagen:Rivera disputó con el Celta 178 partidos en los que marcó 52 goles

Cesáreo también fue parte del primer Celta europeo. Ya tenía experiencia en esas lides como sevillista, pero de nuevo defendiendo el escudo del Celta para él era otra historia que poco tenía que ver. «Para la afición suponía algo enorme y personalmente tenía otro sabor. Además era el capitán, aunque luego lo dejé, porque mi temperamento en el campo era muy fuerte y le dije al entrenador, que creo que estaba Arza: ''Mira, Juan, yo es que no doy ejemplo''». Le sucedería Manolo, al que la historia convirtió luego en el gran capitán y que es uno de los jugadores con los que tiene contacto. «En general con los de la Agrupación de Veteranos: Sánchez, Doblas, Costas, Las Heras... Muy bien con todos, de maravilla».

Sus buenos recuerdos alcanzan incluso el momento de la retirada, una decisión muy meditada que quiso tomar en un momento todavía de plenitud. «Tengo un recuerdo muy bonito del último partido que jugué, contra el Gijón, del homenaje y el cariño. Podía seguir un par de años más, pero pensé que es preferible irte por la puerta grande que esperar a que te echen. Empezaban a pesar las botas y era la mejor ocasión».

Imagen:Con el Celta logró un ascenso y la clasificación para Europa

Cree que dejó huella en la afición como un futbolista que «podía ser mejor o peor técnicamente», pero cuya entrega «fue total y no la discutía nadie». Y esa huella sigue teniendo reflejo en Balaídos, de donde continúa siendo asiduo pese a sus problemas de cadera empujado por los razones poderosas: sus nietas de doce años. «Me salieron unas futboleras de espanto. Jugar es también su diversión preferida y además  son socias y van al campo. A veces me sacrifico y hago un esfuerzo por ir con ellas», relata.

En el Celta actual ve aspectos comunes con su época y un futuro prometedor. «Si de algo me puedo jactar es de que éramos como una familia, con un compañerismo fuera de lo normal que estoy viendo ahora en el equipo. Ese corrillo que forman lo hacíamos nosotros en la caseta y a lo mejor decías algún pecado: ''¡Vamos, me cago en la...''», comenta divertido. También ve analogías con el peso de la cantera. «Está funcionando y dando sus frutos. Como en mi época, cuando salieron jugadores como Manolo, Costas, Lito, Sanromán, Luis Villar, Rodilla... Nombraría a cantidad de ellos».

Imagen:Durante la firma de un convenio entre Celta y Arenteiro

En su radiografía de la actual plantilla destaca la «grata sorpresa» que se llevó con Sergio, así como con las evoluciones de Jonny y Augusto. Del canterano dice que «pese a que era zurdo, se adaptó increíblemente bien a la derecha», mientras que sobre el capitán valora que «su encaje en el mediocampo fue perfecto». «Luego Wass está respondiendo plenamente y no tiene que nada que envidiar a Krohn-Dehli y de los tres de arriba qué vamos a decir; tampoco Guidetti me desagrada», analiza. Elogia a Berizzo y ve al equipo en Europa: «Su fútbol no tiene nada que envidiar a nadie, a los hechos me remito».

Hoy vive el celtismo como abuelo, como aficionado y, sobre todo, como peñista. Presidió durante muchos años el colectivo celtista de O Carballiño, al que sigue ligado. «La fundaron cuando me retiré, decidieron nombrarme presidente y no pude decir que no», cuenta. Ahora sigue siendo miembro y presidente de honor, aunque cedió el testigo tres años atrás. «Hay que dejar paso a la juventud. Yo lo que quería es que perduraran la peña y el celtismo en mi pueblo y eso está más que conseguido». Otro sueño cumplido como el que hizo realidad hace 50 años.

Imagen:En un homenaje en O Carballiño, cuya peña presidió durante cerca de 30 años, en el 2010

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