Integrantes de Blau Cel, en un viaje a Bilbao.

Blau Cel, la expansión catalana del «virus» celtista

El presidente de la peña de Barcelona pensaba hace diez años que nadie más por la zona padecía su «enfermedad»; enseguida descubrió que estaba totalmente equivocado


Vigo

«Creía que aquí esta enfermedad solo la tenía yo y resultó que había bastante más gente con ella». Este descubrimiento sobre el celtismo en Cataluña comenzó a hacerlo el presidente de Blau Cel, Manolo Devesa, hace ahora diez años. Fue entonces cuando con motivo de un Lleida-Celta de Segunda división -mayo del 2005- algunos celtistas afincados en la comunidad contactaron a través del foro delcelta.com y empezó a gestarse la primera peña catalana del equipo vigués. «La verdad es que todo fue completamente diferente a lo que me había imaginado», añade.

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CEDIDALas faldas se convirtieron casi sin quererlo en una de sus señales de identidad.

Se refiere Devesa a que él esperaba que si la peña llegaba a buen puerto fuera un colectivo nutrido de gente como él: gallegos de segunda generación, principalmente. Se encontró con una realidad distinta y más atractiva, incluso: «Aparte de gallegos e hijos de gallegos, que casi somos la excepción, tenemos celtistas catalanes sin ningún vínculo con la comunidad a los que por ejemplo un día de niños les gustaron los colores de la camiseta del Celta, se les metió el veneno y hasta hoy». Los contactos personales y el boca a boca fueron las vías que les llevaron a ir sumando adeptos hasta los 68 que son hoy. «No es que sea un crecimiento fortísimo, pero poco a poco ahí vamos».

Devesa reconoce que no pensó que la peña fuera a tener tanto recorrido. Con Blau Cel -nombre que les sugirieron desde Canteira Celtista, una de las peñas que más les ayudaron en su constitución- se ha llevado una sorpresa tras otra. «Hay montones de cosas que pensaba que iban a ser de una manera y fueron de otra. Nunca imaginé que fuéramos a tener miembros valencianos, por ejemplo, y eso nos enriquece porque tenemos variedad, particularidades, maneras de pensar diferentes a las de los gallegos». Tampoco intuyó que de pagar ellos la compra de los partidos en Segunda -«esa época fue complicadísima, entre ir a Huesca o intentar verlo por la tele, viajábamos sin pensarlo»- fueran a pasar a tener un espacio reservado en su sede, el bar Anduriña, de dueños gallegos.

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CEDIDASu presencia en lo desplazamientos del Celta era habitual ya en Segunda.

Con el regreso del Celta a la máxima categoría, asegura, han logrado parecerse mucho más a una peña viguesa o gallega cualquiera. «La cobertura mediática de Primera te lo pone más fácil para estar al tanto de todo. Durante la travesía de Segunda, aunque quisieras, no podías, y antes de la peña, peor, porque te sentías solo e incomprendido», recuerda. Lo que continúan echando de menos, eso sí, es poder acudir a Balaídos con más frecuencia. «Está claro que la distancia es un gran impedimento para poder seguir al equipo en vivo y en directo tanto como nos gustaría». A cambio, están representados en la mayoría de los desplazamientos del equipo y no fallan nunca a los partidos de Cataluña, aparte de viajar con frecuencia a los de la Comunidad Valenciana y Andalucía.

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CEDIDABla Cel, en Tarragona, en la previa de un choque decisivo para el ascenso del 2012.

El mayor logro de Blau en este tiempo los constituyen las relaciones que se han forjado entre los miembros, amistades que comenzaron por una afición común al Celta pero que van más allá. «Ahora hay muchos estudiantes de Vigo que vienen y ya saben que estamos aquí. Es más fácil empezar a adaptarse a una ciudad nueva con el apoyo de gente con la que ya tienes algo en común. Y han surgido muchas amistades». Estas  se han formado también con el resto de agrupaciones del Celta y con las de otros equipos. «Con la peña del Girona el trato es espectacular e incluso una nueva del Deportivo que crearon hace poco nos llamó para jugar un partido antes del derbi y sin ningún problema. Supongo que en la distancia se ven las cosas un poco diferentes», reflexiona.

Con integrantes en su mayoría entre 30 y 40 años, Manolo admite que quizás han perdido algo de energía respecto a sus inicios. «Viajábamos más, pero también casi por necesidad para garantizarnos que íbamos a poder ver al equipo. A base de ir tanto a donde cristo perdió la alpargata te empezaban a sonar las caras de otros celtistas y así  ibas haciendo amigos», comenta. Ahora, coincidiendo con el décimo aniversario que celebrarán en marzo -fecha oficial de constitución de la peña- quieren darle un nuevo impulso, empezando por las redes. «Comenzamos en Internet, comentando cómo conseguir entradas para aquel partido de Lleida y ahora tenemos las redes un poco abandonadas». ¿El objetivo? Retomarlas y conseguir que el virus siga su expansión también por Cataluña.

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CEDIDAActualmente rondan los 70 celtistas, con miembros en la Comunidad Valenciana.

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