El colectivo tiene actualmente unos 250 socios, aunque el número de carnets supera los 400.

Porto do Son, el celtismo que llegó en barco mercante hace medio siglo

Las relaciones comerciales entre el municipio y Vigo propiciaron en los 60 una pasión por el equipo que hoy continúa concentrando la peña coruñesa


Vigo

Corría el año 1960 cuando Francisco Olveira, Manuel Domínguez y Antonio Mariño cogían taxis desde Porto do Son para desplazarse a Vigo y poder presenciar en directo los partidos del Celta en Balaídos. Fueron los pioneros del celtismo en el municipio coruñés, los que aquel mismo año fundaron la que hoy -ya sin ellos- se mantiene, orgullosa, como una de las peñas más antiguas del equipo vigués. 

«Porto do Son é tradicionalmente celtista pola relación comercial que existía daquela con Vigo, cando aínda non había nin estradas», recuerda el tesorero del colectivo, Agapito Carballo, de 70 años, en la directiva desde hace más de 20 y celtista desde que tiene uso de razón. «Todos os víveres e os artigos de primeira necesidade chegaban por mar desde a cidade, nos barcos, e previamente en traíñas de doce ou trece remeiros antes de que houbera embarcacións a motor».

Uno de los pequeños de la peña, con su bufanda: "Son do Celta, son do Son, son de corasón".

El bar Taita, con decoración completamente celtista, es su sede.

Precisamente, la dueña de la sede de la Peña Celtista de Porto do Son, el Taita, es hija del propietario del María Teresa, el mercante que cubría buena parte de aquellos trayectos comerciales que se realizaban cada semana. «O seu fillo e neto do dono, Marcos, que tamén está no bar, é celtista coma o que máis. Cada vez que gañamos un partido lanza unhas bombas na porta que se escoitan en todo o Son», cuenta Carballo satisfecho. Porque en su peña abunda la gente de edades comprendidas entre los 60 y los más de 80 años, pero también los jóvenes. «A maioría das casas son celtistas e en canto nace un neno novo, xa o inscriben na peña». Así, hasta los más de 250 socios que acumulan en este momento.

Logo de la Peña Celtista de Porto do Son.

Al propio Carballo, aunque no tiene hijos a los que transmitirle su pasión por el equipo, sí le corresponde una gran responsabilidad en que surjan nuevos aficionados en Porto do Son. «Hai anos organizabamos viaxes para que os nenos puideran ir a Balaídos. O Concello tiña uns carnés e dábannos algunhas entradas gratuitas para os rapaces, así que eu era o encargado de andar detrás deles dun lado a outro no campo», dice. Actualmente, un buen número de integrantes de la peña siguen yendo a los partidos, pese a la pelea por los horarios -«fastídianos moitísimo»- y las casi dos horas de trayecto que para ellos implica. «Este ano fixemos oito ou nove viaxes, pero xa temos feito bastantes máis...».

Casi dos horas en autobús les separan de Vigo, un recorrido que hacen varias veces cada temporada.

En los 90, cuando Carballo regresó a Porto do Son tras años trabajando fuera -«en Francia, Inglaterra, Estados Unidos... Sempre intentando estar pendente do Celta e coa morriña, porque daquela non había nin radio»-, entró como parte de la nueva directiva de la peña. Fue una especie de refundación o de relevo, pero sin que la agrupación estuviera nunca en riesgo. «Non, ho, sempre fomos a máis, aquí o celtismo medrou e medrou. Propuxéronme estar na directiva e eu, aínda que só fun á escola ata os 14 anos, aceptei e non foi tan mal», se sincera.  

Toda su familia es celtista y miembro de la peña, con mención especial para su sobrina Rosalía. «Antes tiráballe Aspas, pero agora está tola por Nolito», cuenta. La oveja descarriada es otra de sus sobrinas. «De nena deulle por preguntar se non podía ser do rival e eu dicíalle que por poder, podía. Así que se fixo do Deportivo, pero resulta que agora saíulle un fillo celtista», relata entre risas.

Miembros de la peña, durante una de sus reuniones anuales.

Mantienen una gran relación con peñas de la zona como las de Noia, Muros y Ribeira y están hermanados con esta última. En la convención del pasado mayo obtuvieron un reconocimiento especial de la Federación por su fomento del celtismo desde hace más de 50 años. «Non nos podemos queixar», dice Agapito con humildad. El próximo 27 de junio celebrarán su asamblea anual y en octubre la cena en la que se reúnen con la misma periodicidad. «Temos a sede chea de fotos de todos ese actos», expone. Unos eventos en los que hacen gala del lema que rezan sus bufandas: «Son do Celta, son de Son, son de corasón».

Los desplazamientos en autobús a Vigo forman parte de su rutina.

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