Miembros de Lío en Río, con el presidente, Carlos Mouriño.

Lío en Río, la peña «chapucera» capaz de levantar a su grada

El colectivo vigués es el autor cánticos tan irónicos y célebres como el «gol de Demidov» 


Vigo

Se definen como una peña «un poco chapucera» y cuyos miembros reconocen abiertamente que les gusta «hacer el tonto». Con dos premisas irrenunciables: el sentido del humor y, sobre todo, el celtismo. Así lo confiesa el presidente de Lío en Río, Cé Rodríguez, casi coincidiendo con el tercer aniversario del germen de este colectivo: «Todo empezó el año del ascenso. Había un grupo de amigos que nos solíamos juntar en el Mundial 82, cerca de Balaídos, y con el viaje a Tarragona se creó muy buen ambiente entre algunos de nosotros  y comenzamos a hablar de montarla», cuenta. Eran unos veinte; de ahí pasaron, al poco tiempo, a los 60; actualmente son ya 150 celtistas capaces de liarla en su grada -y en las restantes, porque ya cuenta con presencia en todas- cada fin de semana de partido.

Dos miembros, animando durante el partido del pasado sábado.

Autores de cánticos tan irónicos como «gol de Demidov» o su variante «gol de Welliton» -ambos, jugadores que ni anotaron jamás con el Celta ni estuvieron cerca de hacerlo-, el nombre de la peña es una declaración de intenciones en toda regla. Y la cumplen sin excepción. «Somos un grupo de gente con afinidad, que nos conocíamos y a los que nos que nos gusta parasarlo bien y no nos importa nada hacer el tonto», insiste. Las carcajadas son su esencia. «Nos reímos de las situaciones, no de los jugadores. Tanto de nuestro equipo como del rival que haya enfrente», confiesa Cé.

Posando sobre el césped de Balaídos en una visita a las instalaciones.

Esa búsqueda del lado cómico de las circunstancias no implica no sufrir con el equipo, pero sí relativizar en la medida de lo posible. «Preferimos tomarnos las cosas con otra filosofía diferente, huyendo un poco del ''ay, dios mío, como perdamos...''. Hay que buscar algo dónde agarrarse y así, a poco que te den, te vienes muy arriba», comenta el presidente. Lo ejemplifica con el milagro de la permanencia y el ya mítico 4 % de posibilidades que tenía el Celta de salvarse dos jornadas antes de conseguirlo. «Hacía falta un milagro. Podíamos quedarnos derrotados o levantarnos y pensar en Valladolid». Al final levantarse, en aquella ocasión, tuvo premio.

Con miembros de otras peñas, en uno de sus viajes.

Se entienden especialmente con otros colectivos celestes como Centolos o Carcamáns, que comparten una manera de vivir el celtismo parecida a la suya. «También nos dejamos llevar por los cánticos que salen de otras peñas como ellos. Y los demás también se han sumado a los nuestros, como el Decime qué se siente», celebra. Porque aunque empezaron como una peña con integrantes entre los 26 y los 33 años, «al final empezaron a venir padres, hijos... Aficionados de todas las edades». Entre ellos está el celtista uruguayo que está versionando el himno con la ayuda de otros hinchas del equipo, Santiago Góngora.

Tienen «vetada» por ellos mismos la organización de viajes por la complicaciones que supone. Pero eso no significa que no participen de los partidos a domicilio, sino que ahí entra también en juego la colaboración con otras agrupaciones celtistas. «Solemos desplazarnos con Lechuzas, Jorge Otero, Comando, Centolos... Ellos necesitan cubrir plazas y nosotros viajar. Así que nos ayudamos mutuamente y hay muy buen rollo entre todos», cuenta.

El presidente, Cé Rodríguez, paseando su bandera por Río Alto, algo que ha tenido que renunciar a hacer.

Sin sede fija -«oficialmente, es mi casa», confiesa Cé- los miembros de Lío en Río son habituales de  Mundial 82 o el Tribuna, entre otros locales. Pero su verdadero lugar de reunión es Balaídos mismo, especialmente desde que los horarios no les permiten hacer comidas en las previas como les gustaría. No ha sido el único disgusto extradeportivo del curso: el propio presidente recorría habitualmente Río con la bandera de la peña, algo que ha tenido que dejar de hacer. «Para nosotros es una puñalada. La gente se animaba muchísimo y se levantaba al verme hacer ese recorrido. Especialmente en los extremos, que es donde en general están los socios nuevos, gente joven».

Sus banderas incluyen también un «amósalla» para cuando consideran que un jugador se ha ganado a pulso la tarjeta con una acción y las referencias a Vigo y a Galicia - «queremos destacar que entendemos al Celta como un equipo que la representa allá dónde va»-, así como al Celta y a la propia peña. «El balance de estos tres años no puede ser más placentero, sobre todo porque intentamos hacer un bien al Celta y fomentar el celtismo. Por ejemplo, repartimos banderas de Lío en Río entre los niños y vérselas luego es una satisfacción». Por ahora tienen cuerda para rato. «Aunque como sigamos a este nivel igual se nos va de las manos», concluye Cé entre risas. Su gran señal de identidad.

Acto inaugural de la peña, que se empezó a gestar hace tres años.

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