Celeste con letras doradas

El pase a semifinales premia el gusto futbolístico y la ambición de un Celta con identidad propia que empató a unos en Bélgica


vigo / la voz

Este Celta se merecía escribir un capítulo glorioso dentro de los 94 años de historia del club. Por el fútbol que ha propuesto las tres últimas temporadas. Por la identidad alegre y ambiciosa que despliega cada vez que sale al campo. Por ser capaz de sacudirse los complejos ante los grandes. Por hacer justicia a un entrenador que ha insuflado el gen ganador en un equipo que hace un lustro respiraba como podía en la ciénaga y que ayer, ante el acantilado de las semifinales de la Europa League, fue capaz de aguantar el equilibrio en un duelo que dominó, en el que fue dominado, en el que creó ocasiones y en el que también las concedió. Una montaña rusa de la que se bajó con el sueño de Solna vivo. 

El balón

El planteamiento. La mejor forma de defenderse es atacando y teniendo el balón. Eso trasladó Berizzo a sus chicos cuando les planteó qué quería del partido. La dolorosa eliminación con el Alavés, que todavía escuece en Vigo, fue una lección para los célticos, que asumen sin rubor que no saben ser conservadores. Apostaron por ir a Flandes con su identidad por bandera. Presión, ritmo, pelota y ataque. Y lo llevaron al extremo en la primera mitad. A la media hora de contienda el Celta aventajaba en casi veinte puntos al Genk en posesión de balón (41 % - 59 %). En la segunda el reparto se fue casi al 50 %. La muestra fehaciente de que en el momento en que se quedó sin posesión, el equipo celeste sufrió. Ahí llegaron los padecimientos. Los vigueses, con una colocación excelsa en el primer tiempo que facilitó muchísimas recuperaciones, estuvieron a merced del Genk tras el descanso, sobre todo tras el gol. 

La clave

Un gol que hizo daño. El Celta está acostumbrado a encajar, sin embargo, ayer lo sufrió especialmente. En el momento en el que el Genk empató la contienda la estructura céltica se desmoronó. Fue un jarro de agua frío después del 0-1 del que costó muchísimo reponerse. Durante el tramo final del encuentro los muchachos del Toto estuvieron a los pies de los caballos, aturullados, hasta que respiraron de nuevo, comenzaron a tener balón, a cortar el fútbol directo de los belgas y tiraron de aplomo. De la veteranía de futbolistas que ya se han acostumbrado a las citas con mayúsculas y de saberse reforzados en la zaga. 

La defensa

Trabajo grupal. Una defensa coral que solo se permitió la licencia individual del gol. Ese fue el balance de un partido en el que los célticos firmaron un primer tiempo brillante y un segundo exigido a nivel defensivo. La aportación atrás de Aspas y Pione, el marcaje extremo de Radoja y Hernández o la anticipación de Fontás fundamentaron la consistencia de un Celta que sufrió por las bandas, especialmente la de Jonny, pero que aguantó el tipo. Cuando el cronómetro y el rival se apuraron, Berizzo leyó lo que requería el duelo y reforzó la zaga con Roncaglia, visto que la entrada de Jozabed no había logrado dotar de más balón al equipo. 

El ataque

El viaje de Pione. El ataque del Celta es curioso. Sus dos extremos se pasaron más tiempo ayudando a los defensas y rompiendo hacia el centro para que los laterales abriesen el campo, que pegados a la línea de cal. En el caso de Aspas resulta habitual verle internarse hacia el centro del campo, pero en el de Pione es una tendencia más reciente. Una apuesta probablemente personal pero fructífera. El danés parece haber encontrado su sitio y su momento, y, como en la ida, se encargó de marcar. Un gol para la historia.

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