Entre el cielo y el purgatorio

El cambio de dibujo de Berizzo surtió efecto y el Celta brilló en el primer tiempo para luego pecar de inocente


vigo / la voz

Un cuarto de hora de zozobra, de querer abarcar más de lo indicado, de falta de oficio, a punto estuvo de arruinar una primera mitad brillante del Celta, que puso todo su fútbol y sus ganas al servicio de la pelota para mantener encendida la llama de los cuartos de final. Porque los hombres de Berizzo fueron capaces de plasmar sobre el césped lo mejor de su juego en el primer acto para admitir a continuación cierta inocencia. Por suerte, Beauvue apareció para rescatar la victoria.

El planteamiento

Un giro al esquema. Ante el Krasondar el Celta abandonó su 4-3-3 habitual y mutó a un 1-4-2-3-1 que arrancaba con Sergio en portería, Jonny y Hugo Mallo en las bandas, Cabral y Fontás -que aportaba salida de balón- en el centro de la defensa y que tenía a sus mediocentros en el Chelo Díaz y Radoja. Una línea de tres mediapuntas integrada por Pione Sisto, Iago Aspas -como enganche- y Daniel Wass se encargó de desquiciar al Krasondar durante el primer tiempo, dejando a John Guidetti como abanderado del ataque celeste. Una propuesta efectiva que brilló en un primer tiempo cargado de gasolina. 

La clave

Abriendo las alas. Para burlar al Krasnodar Berizzo se decantó por anchear al máximo el campo y por apostar a la movilidad de sus atacantes. Quería un Celta punzante y veloz por las bandas que buscase centros de calidad, y eso fue lo que obtuvo. El equipo incordió a los rusos aprovechando primero la clarividencia de Sisto por la izquierda y en los últimos minutos el empeño de Mallo. El danés tuvo una noche brillante entrando como un estilete para habilitar a sus compañeros, y el de Marín fue quien centró el balón para Beauvue. Solo faltó más éxito en el remate. 

Buena colocación

Posesión y precisión. El Celta afrontó el partido con las ideas claras. Quería tener el balón para buscar la portería rusa y para ello no podía permitirse errores. Los fallos en el pase se vieron reducidos a la mínima expresión (81 % de acierto) gracias a la buena colocación del equipo, a los innumerables balones que recogió Radoja y a la solidaridad. Porque en ataque el Celta era como un enjambre de abejas zigzagueando por todas partes y a la hora de recuperar, el sacrificio también era coral. Las ayudas defensivas se ejecutaron con solvencia y el Celta fue una máquina bien engrasada. Salvo en el cuarto de hora fatídico. 

El problema

Un correcalles peligroso. El buen trabajo en el primer tiempo se arriesgó tras el gol de Wass. Al Celta le faltó oficio para esconder el balón y templar el partido, y el Krasondar lo aprovechó. Posiblemente tuvo mucho que ver que la velocidad que imprimió el Celta la pelota en el primer acto se ralentizó en el segundo por el cansancio y por la necesidad del rival de ser más protagonista. Pecaron los hombres del Toto, pero nadie dijo que Europa fuese un paseo.

Beauvue se reencuentra con el gol trece meses después

Lo necesitaba. Tras diez meses en blanco, Claudio Beauvue se merecía una alegría. Un empujoncito que compensara el calvario que tuvo que pasar a causa de la lesión en el Aquiles. Y ese espaldarazo llegó en forma de cabezazo en plena carrera y con torsión. Peinó el balón centrado por Mallo para marcar un gol que quién sabe si valdrá un billete para cuartos de final.

El antillano entró al terreno de juego en el minuto 77 para sustituir a Guidetti. Berizzo quería algo diferente sobre el terreno de juego y también proteger al sueco, que arrastraba una amarilla. Beauvue se vistió de delantero centro, su posición natural, y zigzagueó entre la defensa del Krasnodar buscando un balón peligroso. Tenía doce minutos, pero le sobraron varios. En el 87, y sin tener que hacer gala de su capacidad para saltar, dio salida al centro de Mallo y su gol desató el delirio.

Desde que los servicios médicos del Celta le dieran el alta médica, hace justo un mes, tan solo había disputado once minutos en El Molinón y, vista la artillería de la que dispone Berizzo en los últimos metros, no parecía factible que fuese a contar con muchas oportunidades. Pero ayer el Toto consideró que su velocidad y su movilidad eran la solución. El antillano adelantó a Rossi en la lista de cambios y pudo celebrar su primer tanto en trece meses. La últimas vez que había hecho diana fue en febrero del año pasado frente al Sevilla, pero se ve que el instinto no caduca.

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