Celtistas desde la primera ecografía

Los gemelos Duna y Hugo Carrero son socios del Celta desde que nacieron. Su abuela quería hacerles abonados incluso antes

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vigo / la voz

Hugo y Duna Carrero Rodríguez (A Guarda, 2002), gemelos, tienen un regalo de cumple fijo cada 17 de julio. No hace falta que lo pidan, porque sus padres saben que lo primero que quieren es el carné de socios del Celta. Sin embargo, el primero llegó antes de que ellos fueran conscientes de nada. En su primer día de vida ya tienen fotos con el documento que les acredita como abonados, así como con las banderas y bufandas de su peña, O Baixo Miño. Aquellos primeros carnés pudieron incluso llegar antes: «Mi madre, que es una exagerada, quería ir ya con las ecografías a pedirlos», recuerda la madre, Sofía, entre risas en referencia a la abuela Elena.

Los pequeños son nietos del presidente del colectivo celtista de su municipio, José Carlos Rodríguez Barros. Pero el celtismo no les viene solo por la rama materna. «Mi marido también es celtista de toda la vida, claro. Las hermanas buscamos maridos que lo fueran porque si no no entraban en casa. Nos lo decían nuestros padres se supone que en tono de broma, pero no sé yo...», comenta divertida. Entre todos tuvieron claro que los niños debían pertenecer a la familia celtista desde el momento en que entraban a formar parte de la familia Carrero Rodríguez. Ni un minuto después. Dicho y hecho.

Hugo y Duna llevan desde niños asistiendo a cada partido en Balaídos hasta el punto de que su madre no recuerda la primera vez, en la que eran «muy pequeños». Su abuela -«seguramente la más forofa de la familia», valora Sofía- les decía que había que recitar la alineación del Celta antes de merendar y su madre ni se atreve a ponerles como penitencia el perderse un partido. «Procuro no amenazarles con ese castigo, porque si se lo tuviera que acabar poniendo no me lo iban a perdonar nunca», cuenta.

Sofía y su marido dejaron de ser socios debido a lo que supone para una familia asumir el precio de cuatro abonos cada año. «Hacíamos muchos viajes, estuvimos en las finales de Copa. Ahora nos sacrificamos por los niños, que van con los abuelos y lo pasan en grande», explica la orgullosa mamá. Los protagonistas lo corroboran. «Vamos en el autobús con la peña, con los abuelos y con los amigos y es muy divertido», dice el chico. Su hermana añade que el mejor momento es, sin duda, «la celebración cuando marca el Celta». Solo faltan cuando sus respectivos compromisos deportivos -ella practica balonmano; él, remo- se lo impiden. «Si vamos a cualquier sitio, a la hora del partido hay que estar de vuelta».

Los gemelos no suelen presumir ante sus amigos de ser socios desde que nacieron -«solo si nos preguntan», aseguran-, pero están encantados de que sea así y confiesan que el Celta les gusta «desde siempre». Él tiene la habitación pintada de celeste y llena de objetos del equipo, igual que ella, aunque su madre apunta que en su caso los celestes se codean «con algún ídolo adolescente». No les interesa otro conjunto de fútbol y si por algo no discuten, aseguran, es por el que es el equipo de sus amores casi desde la primera ecografía.

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