Pionero del celtismo sin límites

A sus 96 años, Basilio Ferreiro lleva 74 abonado y nunca pensó darse de baja

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vigo / la voz 11/08/2013 07:00 h

Basilio Ferreiro (1916) presume de tener más años que el Celta y, por tanto, de haber sido testigo de los 90 que cumple ya el equipo vigués. Dice haber perdido memoria, pero lo cierto es que al socio número 1, desde su primer recuerdo del equipo hasta hoy, no le baila ni una fecha.

Se abonó el 1 de julio de 1939. «Cogí el celtismo al licenciarme. Estaba lejos, en el Frente, y se me vino a la memoria de una manera que al día siguiente de volver ya fui», recuerda. Había sido socio infantil, y con doce años, en 1928, presenció el primer partido en un Balaídos que se reducía a «montículos de tierra y unas gradas». «Contra el Real Unión de Irún, muy importante entonces. Ganó el Celta».

Ha sido socio de todas las gradas y ha vivido de todo. Desde las mojaduras por falta de cubiertas -«a un amigo le encogió el traje una cuarta»- hasta una ocasión en que los aficionados lanzaron monedas y mecheros a un «árbitro anticeltista» provocando la suspensión del choque. Pasando por las gestas de las clasificaciones para la UEFA en 1971 y en los 90. «El mejor momento fue debutar en Europa, contra un equipo escocés que nos pegó bien, aquí y allá. Luego vino la época de los jugadores buenos y el equipo fue arriba. Recuerdo los 7 al Benfica, fue una gran ilusión», dice.

No han faltado sinsabores. «En unos años me preguntaba: ?¿Cómo puede ser tanto subir y bajar,? Me incomodé y estuve un año sin ir. A las nietas les dije que me iba a dar de baja, pero en 74 años nunca me lo planteé», recalca. El que su familia siga su tradición celtista es sus mayor orgullo. Presume de que su nieta y «secretaria», Ana, pertenece a Comando Celeste, peña de la que él es miembro de honor. «Deben de ser ricos, no me quieren cobrar», bromea. A su bisnieto lo abonaron al nacer.

Basilio dejó de ir a Balaídos hace un par de años. «Me falla la vista y el oído, pero estoy al tanto siempre. Lo veo por la tele, con mi mujer, y comentamos las jugadas», Explica. Cuando es posible, en casa; cuando no, en los bares. «La gente me quiere mucho, me paran y se sacan fotos conmigo», comenta.

Pelea por el número uno

Logró el honor de ser el socio número uno, no sin esfuerzo, el primer año de Mouriño. «Peleé mucho. Los números de los socios fallecidos se los dieron a sus hijos cuando yo tenía que ser ya el primero. Al llegar don Carlos lo dije en la Oficina de Abonados y a la semana me llamaron para darme la sorpresa», recuerda.

Hace dos años hizo el saque de honor, que le supuso «una gran emoción». «Creo que el árbitro tenía prisa, porque no me dejó hacerlo desde el centro», comenta divertido. Ese día le dieron sus camisetas con el número uno, «una de verano y otra de invierno». Nunca había tenido una, ni bufanda. «No se llevaba eso. Es precioso lo que hacen ahora con ellas antes del partido y que tengan todos ropa del Celta con los tiempos que corren», apunta sorprendido.

Basilio ha visto cómo cambiaba en fútbol. «Antes era matarse por marcar. Ahora se trabaja más la defensa para que no entren», compara. Y ha visto a multitud de jugadores. «Milo, Polo, Armesto, Machicha, Nolete? Y, recientes, Karpin -su preferido- Gustavo, Mazinho, Michel? », enumera. Siente debilidad por Aspas desde el día que le conoció, y le dijo que la camiseta con la que le obsequió era la que «con más gusto» regalaba.

Asegura Basilio -su esposa no está de acuerdo- que no se enfada cuando el Celta pierde. «Un poco de rabia da, sobre todo en Balaídos?», admite. Se sabe el himno, pero le tiene especial cariño a la Rianxeira. «Había una época en que con el 1-0 no, pero en cuanto metían el 2-0 ya empezábamos», recuerda.

Nunca le dio por jugar al fútbol. «Bueno, una vez, con ocho años. Nos metieron diez y no volví», cuenta. Pero su mujer lo tiene claro: «Ahora que no está Aspas, te podían fichar, que por el Celta, lo que sea».

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