Iglesias va hacia un Hernández Mancha

Lejos de afianzarle como alternativa, la moción de censura evidenciará que no es una opción realista como jefe del Gobierno


Madrid / La Voz

O Felipe González, o Antonio Hernández Mancha. En uno de esos dos espejos se tendrá que mirar el líder de Podemos, Pablo Iglesias, cuando termine en el Congreso la moción de censura en la que presenta su candidatura a la presidencia del Gobierno. Y, por lo que opinan la inmensa mayoría de los dirigentes políticos consultados, el secretario general del partido morado se dirige más hacia el fracaso que cosechó el líder de Alianza Popular en su intento de afianzarse y debilitar al Gobierno de Felipe González, que al rotundo éxito que supuso para el expresidente socialista demostrar en el Congreso, pese a perder la votación, que era una alternativa viable, realista y preparada al debilitado Gobierno de Adolfo Suárez.

La estrategia de Pablo Iglesias de presentar una moción de censura en la que el objetivo real no es acabar con Rajoy, sino poner contra las cuerdas al PSOE presentándolo como un aliado de la derecha, se ha demostrado ya, al margen del resultado, como un grave error de juicio. En primer lugar, porque la victoria de Pedro Sánchez hace muy poco creíble ese relato, al contrario de lo que habría ocurrido si hubiera ganado Susana Díaz. Para Iglesias, Sánchez será un enemigo invisible, que ni siquiera se sentará en un escaño. Pero también porque las circunstancias no favorecen a Iglesias, por más que el formato del debate le otorgue todas las ventajas. Cuando Felipe González presentó su moción de censura contra Suárez era consciente de que todo el país, y todo el Parlamento, le veía ya como el próximo presidente del Gobierno, y de que el Ejecutivo de Suárez estaba agotado. Aunque no le votaran, González dio tranquilidad a otros grupos, demostrando a todos que estaba preparado para ese reto, lo que hizo que el resto de partidos no se cebaran con él. No es ese en absoluto el caso de Iglesias, al que nadie, ni en la calle ni en el Congreso, ve con posibilidades reales de ser presidente del Gobierno. Ni hoy, ni mañana. Y que, precisamente por ello, va a recibir palos sin miedo desde todas las esquinas, incluida la del independentismo catalán, por más que todos carguen también contra Rajoy.

Aunque sabe que él no es en realidad el objetivo de Iglesias, Rajoy ve en este debate la oportunidad de machacarlo. Y se ha preparado a conciencia. El resultado hacia el que se dirige Iglesias no es por tanto el de González, sino el de Hernández Mancha, que salió de la moción escaldado y prácticamente acabado como líder, porque perdió el duelo personal con el entonces presidente del Gobierno y fue además atacado por la gran mayoría de los grupos del Congreso, que vinieron a decirle que si malo era que el país estuviera gobernado por González, aún peor sería que el jefe del Ejecutivo fuera él.

Y eso es lo que se va a encontrar Iglesias a partir de mañana, aunque nadie duda de que el líder morado tiene bastantes más mañas que Hernández Mancha a la hora de tratar de convertir el Congreso en un espectáculo en el que solo él sea el protagonista. Esa partida la tiene ya ganada. Asistiremos sin duda a una nueva performance de Unidos Podemos. Pero, acabada la función y recontados los votos, Iglesias, salvo sorpresa mayúscula, estará mucho peor de lo que está ahora.

El PNV juega a tres barajas con el desafío secesionista

El PNV sigue jugando a tres barajas con el escenario del desafío independentista en Cataluña. Los nacionalistas vascos aguardan expectantes el final de la partida para lanzarse a reclamar más privilegios para el Pais Vasco en caso de que los obtenga Cataluña. De momento, alientan al independentismo catalán mientras lo pactan todo con Rajoy. La última jugada del lendakari Íñigo Urkullu es, después de haber dado plantón a la conferencia de presidentes autonómicos, anunciar que está dispuesto a mandar un representante a la comisión de seguimiento de esa conferencia que ha convocado el Gobierno. Eso se llama estar en misa y a la vez repicando, cuestión en la que el PNV es un maestro.

El Popular reabre el debate del fin de la banca gallega

La absorción del Banco Popular por el Banco Santander, que fue primera página varios días esta semana, vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre la desaparición del sistema financiero gallego en pocos años. Aunque había quien esperaba que se convirtiera rápidamente en una nueva oportunidad para fustigar a Alberto Núñez Feijoo, de momento las reacciones políticas están siendo relativamente moderadas. Puede que esa aparente calma se torne pronto en agresividad y exigencia de responsabilidades, pero existen sectores en el PSdeG que abogan por pasar página en torno a la extinción de la banca gallega antes que embarcarse en una guerra de la que nadie saldría favorecido.

¿Formoso no quiere, o se hace de rogar en el PSdeG?

Si en ocasiones anteriores había cola y tortas para presentarse como candidato a liderar el PSdeG, ahora parece que ese puesto quema y nadie quiere hacerse cargo de lo que parece ser más una carga que una oportunidad. El último en apartar ese cáliz ha sido el alcalde de As Pontes, Valentín González Formoso, que era para algunos la gran esperanza blanca. Claro, que no hay que descartar tampoco que estemos asistiendo a un guion que sigue la consabida máxima de que la primera norma para aspirar a un cargo es precisamente no presentarse nunca como candidato y esperar que a uno lo vengan a buscar a casa. En todo caso, la imagen de falta de aspirantes no favorece al PSdeG.

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